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domingo, 9 de octubre de 2016

A morir

Borran las olas,
las huellas que vamos dejando atrás.
Somos espectadores,
de los autobuses que pasan,
del esfuerzo en compañía,
de la lluvia que asoma tímidamente
y es así como nos habla la muerte.
Odiamos, perdonamos y queremos a nuestras familias,
y mientras, ella,
nos abriga,
siempre misteriosa con cada amanecer.
Brillan nuestros ojos de amor,
olvidamos las penas junto a los amigos
y ella nos espera tranquila,
tan desconocida, tan presente.
Añoramos a los que estuvieron,
a los que están lejos.
Soñamos,
por escapar de algunas rutinas,
por sabernos perfectos y capaces entre imágenes
y no se cansa la sombra de recordarnos,
que somos una mota de polvo más,
un punto insignificante encima de un trozo de tierra.
Atravesamos los parques, bosques y selvas
de la infancia, adolescencia y madurez.
Maduramos más o menos,
más tarde o más temprano,
quizá nunca
y no es tristeza,
pero ella,
nos dormirá,
para siempre,
entre sus oscuros brazos.
Ya no hablaremos allí,
de dolor,
duda,
lágrimas,
rabia,
odio,
constancia,
libertad, igualdad e injusticia.
Seremos allí,
el mismo silencio,
los mismos huesos despellejados,
las mismas almas olvidadas.








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