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jueves, 19 de mayo de 2016

La nos, tal, tal y talgia

La nostalgia invade repentina e inesperada los rincones de nuestra memoria.
De noche robándonos el sueño, de día conduciéndonos hacia las imágenes del recuerdo.
La nostalgia se compone de largas cartas ilustradas para los que estaban lejos pero también muy cerca. Nos sentábamos a relatar con detenimiento nuestras penas y alegrías, todo lo que habíamos estado haciendo y lo que deseábamos en el futuro.
Bajábamos a por el sello y nos dirigíamos hacia el buzón, aquel misterioso agujero negro que tantas preguntas suscitó en la infancia. Mientras empujábamos la rendija para depositar nuestras frases ensobradas siempre nos invadía la duda, "¿La habré echado en el lugar adecuado?¿ Y si no llega? ¿Cuánto tardará?"
Se respiraba la espera y finalmente llegaba la alegría, la euforia de abrir y degustar la respuesta en soledad, en la intimidad de la adolescencia o la inocencia de los 9 años.
Algunos como mi abuelo, tenían un cuchillo especial abre sobres, un objeto que me fascinaba.
La nostalgia, la nostalgia forma parte de unas manos que estiraban  la manta hasta nuestro cuello y unos labios que besaban nuestra frente en la oscuridad.
La nostalgia es ausencia, de los que nos dejaron, de los que ya no podemos ver tan a menudo, ella es todos y cada uno de los sabores elaborados con el amor que se apagó.
Nostalgia tenemos de fiestas, bailes y risas pasadas.
Nostalgiados a veces  pero no entristecidos, sino felices de acumular momentos a los que volveríamos, aunque solo fuera para decir adiós.



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