blog sindria

martes, 24 de mayo de 2016

Muerte famosa

Nos recuerda la muerte que no la recordaremos.
Quedarán los abrazos congelados y el canto sordo de los pájaros.
No habrá besos entre abrazos enloquecidos, gotas de lluvia y olor a mimosa.
Ese día tan inesperado borrará los paseos en bicicleta, el hastío de los pelos en la ropa y las carcajadas tan bien compartidas.
Se esfumarán nuestros grandes o pequeños complejos,
las ideas que nos acompañaron a lo largo de nuestras insignificantes vidas.
Vestida de huesos y polvo ahogará los sueños realizados y los que se quedaron en la crisálida.
En ese negro lugar no cabrán los lamentos, las quejas el odio y los helados de avellanas.
Allí, las fronteras, el racismo y la ansiada libertad no existirán.
Reinará la ausencia de dudas, las heridas y las ganas de pisotear.
Nos abandonará el aburrimiento, la envidia y las cervezas frías.
No serán admiradas las fornas de las nubes y los graffitis declarando amor.
Se quedará, en el otro lado, todo lo que creímos que era nuestro.
Y quizá suene Out of nowhere en los funerales para que las lágrimas se conviertan en sonrisas.
A lo mejor escucharemos el baile de las estrellas o la sabiduría del silencio.
¿Quién sabe?




jueves, 19 de mayo de 2016

La nos, tal, tal y talgia

La nostalgia invade repentina e inesperada los rincones de nuestra memoria.
De noche robándonos el sueño, de día conduciéndonos hacia las imágenes del recuerdo.
La nostalgia se compone de largas cartas ilustradas para los que estaban lejos pero también muy cerca. Nos sentábamos a relatar con detenimiento nuestras penas y alegrías, todo lo que habíamos estado haciendo y lo que deseábamos en el futuro.
Bajábamos a por el sello y nos dirigíamos hacia el buzón, aquel misterioso agujero negro que tantas preguntas suscitó en la infancia. Mientras empujábamos la rendija para depositar nuestras frases ensobradas siempre nos invadía la duda, "¿La habré echado en el lugar adecuado?¿ Y si no llega? ¿Cuánto tardará?"
Se respiraba la espera y finalmente llegaba la alegría, la euforia de abrir y degustar la respuesta en soledad, en la intimidad de la adolescencia o la inocencia de los 9 años.
Algunos como mi abuelo, tenían un cuchillo especial abre sobres, un objeto que me fascinaba.
La nostalgia, la nostalgia forma parte de unas manos que estiraban  la manta hasta nuestro cuello y unos labios que besaban nuestra frente en la oscuridad.
La nostalgia es ausencia, de los que nos dejaron, de los que ya no podemos ver tan a menudo, ella es todos y cada uno de los sabores elaborados con el amor que se apagó.
Nostalgia tenemos de fiestas, bailes y risas pasadas.
Nostalgiados a veces  pero no entristecidos, sino felices de acumular momentos a los que volveríamos, aunque solo fuera para decir adiós.



miércoles, 18 de mayo de 2016

Fin de las citas


Se pone un vestido casi nuevo, se maquilla y se recoge el pelo. Ya lleva los tacones y ha decidido no perfumarse, queda apenas una hora para la cita. Se pone un collar, se quita los pendientes y se cambia los zapatos. Añade colorete a las mejillas y elige otro collar. Se repasa los ojos y hace algo que nunca había hecho, pintarse los labios de rojo, es la edad, se dijo.
Se mira en el espejo y se tapa las ojeras con un corrector. Se suelta el pelo, observa sus canas e inclina la cabeza.  Se hace una trenza, la suelta, se toca el vientre, las caderas y se aprieta las carnes con los dedos. Se levanta. Se quita el vestido y se pone una camisa y pantalones blancos  impolutos.  Coge la botella de perfume y al final  deja caer unas gotas por detrás de cada lóbulo. Se estira la cara y se pone crema en las manos, de fondo suena Beethoven. Se mira en el espejo y se odia, meticulosamente, con mucha paciencia. Escucha los susurros  de su insoportable enemistad y no aguanta  la culpabilidad y los reproches acumulados. Se sienta a abre con cuidado una pequeña caja y allí dentro están las cuatro siguiendo un paralelismo perfecto. 
Las tenía allí como oro en paño y pensó que ya había llegado el momento de usarlas.
 Las levanta con sumo cuidado  y las coloca a  un lado de su cabeza, se quedan flotando, las comilllas ya están abiertas entre el silencio que ahora emiten sus labios y el otro lado de su perfil.  Se hace una foto con el móvil, la mira con detenimiento buscando en ella los defectos y  el paso del tiempo en su rostro. Cierra los ojos y se lo imagina sentado, en la mesa del restaurante al que  van  todos  los viernes por la noche, con sus vaqueros y las camisas de cuadros que tanto le gustan. Percibe incluso su olor, el que siempre había querido retener en su piel.  Puede ver con toda claridad la sonrisa que siempre le dedica como si fuese la única mujer en el mundo.  Sabe que será otro viernes manchado de estúpidas promesas, rodeado de  regalos que necesitan compensar los años de espera.  Y es entonces cuando sus valientes labios osan decir:

“No voy más”. Estira el brazo hacia la caja y se cierra las comillas.