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martes, 5 de abril de 2016

Fuego en las teclas

El atril en la cocina, para elaborar la melodía de las patatas, zanahorias y los silencios de la tristeza.
En los cajones no hay cubiertos, trapos o delantales,
solo hojas con pentagramas,
todas las composiciones que no hizo sonar.
Una mesa rayada con lápiz ocupa el centro del espacio,
notas de alegría, frustración y dolor,
sonidos que no encontraron monedas ni papel para escribirlos.
Grifos sin agua y platos llenos de lágrimas.
Dentro de las copas,
cartas,
muchas cartas sin abrir,
y los dedos,
hinchados de tanto apretar.
Suena la rabia, el lamento de  un occidente enloquecido.
La despensa  llena de ideas sin minerales ni vitaminas y
las puertas cerradas al mundo desalmado.
Suenan bombas y tiroteos y a través de la ventana llega el olor a humo, a carne humana.
Las teclas, bajo unas manos coléricas,
arden en llamas,
llamas que no queman cabellos ni pestañas.
Toca el corazón,
empapado de injusticias y locura inefable.
Y mientras corre la sangre de inocentes en todos los rincones,
suena la desesperación entre servilletas y ollas oxidadas.
Hubo, hay y  habrá muchas canciones,
hubo, hay y habrá crueldad,
horribles y asquerosas muertes.




 

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