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miércoles, 13 de abril de 2016

A la imperfección, por y para ella.

 ¿Qué somos?

Ante todo y sobretodo: IMPERFECTOS,
cometas que se enganchan  entre las ramas de los árboles,
pensamientos contrapuestos luchando en los desiertos de los relojes de arena.
Algunas veces, camellos,
acumulando lo que no nos llevaremos
el día del silencio oscuro.
Seres destinados a calvicies, canas, arrugas,desprendimientos y flacideces varias.
Cuerpos sometidos,
ideologías que destrozan cuerpos.
Ante todo y sobretodo: IMPERFECTOS
Una especie que huye del dolor,
sin saber cómo poder aceptarlo,
cómo dejarlo pasar.
Animales que buscan sin acción,
que no saben cuándo, hacia dónde ni por qué.
Un cúmulo de culpas, vergüenzas, odios, rabias, celos,exigencias, ideales y miedos.
Una indignación eterna frente a la desesperación y la injusticia,
el vacío de sabernos caminando hacia lo desconocidamente conocido,
la construcción de una pequeña y reducida opinión sobre la vida y sus dilemas más grandes.
Toda esa imperfección,
la pereza,
la gula,
la avaricia,
somos.
El boceto de lo que desearíamos ser y no seremos.
La perfección del sueño despierto.
Y seguiremos siendo imperfectos,
rellenos de dudas, errores, chocolate y pisto.
Imperfectos, en un mundo igual de imperfecto.
Y al parecer,
no dejamos de SER,
nosostros,
todos y cada uno de nosotros.
Solo sabemos ser imperfectos,
cada uno a su manera,
lo mejor que puede,
cada día al despertar.












martes, 5 de abril de 2016

Fuego en las teclas

El atril en la cocina, para elaborar la melodía de las patatas, zanahorias y los silencios de la tristeza.
En los cajones no hay cubiertos, trapos o delantales,
solo hojas con pentagramas,
todas las composiciones que no hizo sonar.
Una mesa rayada con lápiz ocupa el centro del espacio,
notas de alegría, frustración y dolor,
sonidos que no encontraron monedas ni papel para escribirlos.
Grifos sin agua y platos llenos de lágrimas.
Dentro de las copas,
cartas,
muchas cartas sin abrir,
y los dedos,
hinchados de tanto apretar.
Suena la rabia, el lamento de  un occidente enloquecido.
La despensa  llena de ideas sin minerales ni vitaminas y
las puertas cerradas al mundo desalmado.
Suenan bombas y tiroteos y a través de la ventana llega el olor a humo, a carne humana.
Las teclas, bajo unas manos coléricas,
arden en llamas,
llamas que no queman cabellos ni pestañas.
Toca el corazón,
empapado de injusticias y locura inefable.
Y mientras corre la sangre de inocentes en todos los rincones,
suena la desesperación entre servilletas y ollas oxidadas.
Hubo, hay y  habrá muchas canciones,
hubo, hay y habrá crueldad,
horribles y asquerosas muertes.