blog sindria

lunes, 22 de febrero de 2016

Medios, medias



Ya no era su media naranja,
ni media patata,
ni medio tomate,
ni medio mango,
ni media fresa,
ni medio melón.
Ni siquiera su media sandía.
No era su medio cacahuete,
su media almendra,
su medio pistacho,
ni su medio pepino.
No, no,
ya no iba a ser
su media coliflor,
su media zanahoria,
ni siquiera su media cebolla.
Os digo que no,
que un buen día decidió
que ya no tenía ganas de seguir siendo
su media alcachofa,
su media manzana,
su media papaya y su media yuca.
Tenía bien claro,
que dejaría de ser su medio plátano o banana,
su medio coco, su media cereza y su medio melocotón.
Abandonó su rol de
medio albaricoque,
medio higo,
medio aguacate
y media chirimoya.
Se había cansado
de partir los limones,
las limas,
los boniatos,
y las calabazas.
No quiso utilizar más el cuchillo para
el nabo, la chirivía y el nabicol.
Olvidaría las medias,
tintas.
Abrazaría lo entero
Se comería a bocados la pieza,
sin divisiones,
disfrutando de cada uno de los átomos que la componían.
Miraría de frente,
siempre ante el volumen y voluptuosidad,
las curvas y formas completas.
Descubriendo en sus ojos
el olor,
en su boca el tacto
y en sus manos los sonidos.
Lo quería TODO,
sin descartar ni separar un pedazo.
Todas las líneas,
las rugosidades e imperfecciones.
Todos los pliegues y arrugas.
Gramo a gramo hasta saborear todos los kilos.
Todo,
las palabras con o sin sentido,
las que ayudan, calman y hechizan.
Inspirar el cielo,
las nubes,
convertirse en el holismo planetario.
Ser la música de los planetas cuando bailan,
la luz de lo que no alcanzamos a ver.
Exiliarse de las partes,
amar el sistema y
todas sus funciones,
con y sin cambios.
Querer la naranja, una,
completa,
presente, redonda, robusta y radiante.
Con toda su piel, sus capas,
sin desperdiciar ni una gota del jugo.
Poder rodearla con las dos manos,
y sentir su peso,
su ser,
así,
sin más,
así,
sin menos.
















No hay comentarios:

Publicar un comentario