blog sindria

viernes, 26 de febrero de 2016

Allá en el universo


Me he imaginado nadando en medio del universo mientras avanzan las ruedas de la bicicleta sobre el asfalto.
Miro a los transeúntes pero mi cabeza va recorriendo sin cesar  el inconcebible infinito.
No encuentro muros, fronteras, barreras, límites ni miedos que paralicen este camino inefable.
Todo es nuevo alrededor y no existen palabras para describir lo que no podemos experimentar.
Quiero creer que hay una quietud allá arriba, una distancia de esta, a veces, absurda realidad llena de ego.
Acercarme a la inexistencia, ese fin que nos espera en algún instante y aceptarlo como una de las reglas del juego.
No hay racionalidad en los planetas, las estrellas, las galaxias y esta respiración que nos posee.
Y hay mucho misterio fuera,
también dentro.
Nos vive un desconocimiento absoluto sobre la conciencia que nos conduce y aceptamos como parte de la gran incógnita  de la existencia y su evolución.
Hay muchos viajes por realizar,
y el destino de algunos de ellos podría  simplemente ser:
comprender que estamos hecho de universo, de sustancias que nos ha ofrecido este planeta.
Solo somos fruto, una especie,un sencillo suspiro.
Un cuerpo desnudo a menudo disfrazado.
No somos nada.






lunes, 22 de febrero de 2016

Medios, medias



Ya no era su media naranja,
ni media patata,
ni medio tomate,
ni medio mango,
ni media fresa,
ni medio melón.
Ni siquiera su media sandía.
No era su medio cacahuete,
su media almendra,
su medio pistacho,
ni su medio pepino.
No, no,
ya no iba a ser
su media coliflor,
su media zanahoria,
ni siquiera su media cebolla.
Os digo que no,
que un buen día decidió
que ya no tenía ganas de seguir siendo
su media alcachofa,
su media manzana,
su media papaya y su media yuca.
Tenía bien claro,
que dejaría de ser su medio plátano o banana,
su medio coco, su media cereza y su medio melocotón.
Abandonó su rol de
medio albaricoque,
medio higo,
medio aguacate
y media chirimoya.
Se había cansado
de partir los limones,
las limas,
los boniatos,
y las calabazas.
No quiso utilizar más el cuchillo para
el nabo, la chirivía y el nabicol.
Olvidaría las medias,
tintas.
Abrazaría lo entero
Se comería a bocados la pieza,
sin divisiones,
disfrutando de cada uno de los átomos que la componían.
Miraría de frente,
siempre ante el volumen y voluptuosidad,
las curvas y formas completas.
Descubriendo en sus ojos
el olor,
en su boca el tacto
y en sus manos los sonidos.
Lo quería TODO,
sin descartar ni separar un pedazo.
Todas las líneas,
las rugosidades e imperfecciones.
Todos los pliegues y arrugas.
Gramo a gramo hasta saborear todos los kilos.
Todo,
las palabras con o sin sentido,
las que ayudan, calman y hechizan.
Inspirar el cielo,
las nubes,
convertirse en el holismo planetario.
Ser la música de los planetas cuando bailan,
la luz de lo que no alcanzamos a ver.
Exiliarse de las partes,
amar el sistema y
todas sus funciones,
con y sin cambios.
Querer la naranja, una,
completa,
presente, redonda, robusta y radiante.
Con toda su piel, sus capas,
sin desperdiciar ni una gota del jugo.
Poder rodearla con las dos manos,
y sentir su peso,
su ser,
así,
sin más,
así,
sin menos.
















jueves, 11 de febrero de 2016

Creo que ya sé por qué no hay invierno

Me pregunto cómo explicarían en Grecia, allá por el siglo quinto antes de Cristo, el hecho de no tener invierno.
Seguramente lo achacarían a que el dios del verano, Veranus Maximísimum, se levantó un día de mal humor, harto de tener los pies helados y los cataplines encogidos y fue a visitar a Inviérnolo.

-Hey!!!! Tú!!!!Dios de pacotilla! Ya basta ¿no? Tres meses arruinándome la vida, casi sin luz como un muñequito al que sólo le falta la zanahoria en la cara, congelándome las flores y las puntas de las orejas. ¿Qué te has pensado? El rey de los temblores y escalofríos?
Como se te ocurra salir de casa, llamo al dios Primaveris y a toda mi trope de "Veraneamos" y te quemamos en la hoguera. Tú y tu troupe de "Invierdadanos" no vais a paralizarnos.
¿LO TIENES CLARO como el clarinete de Diógenes, ése sí sabe vivir con sus perros y su bidón. ¡ALA! ya lo sabes....no muevas un dedo que ya nos has robado bastantes horas de sol,  juergas al aire libre y baños en el mar. Ya está bien de escondernos el azahar, las sandías y los melocotones, TO PA TI, TO PA TI, TO PA TI....y a los demás que les zurzan.
¿Qué pasa si a algunos nos gusta disfrutar de caminar con espardeñas y poco abrigo, eh????eh???eh???eh??? qué pasa??? Me lo explicas? en libertad despreocupada, así tranquilos, bajo la luz de mi camarada Lorenzo.
¡Que yo me entere! dios de postureo con jeta de iceberg!
Como pongas un pie en la calle empieza a acobardarte porque sino voy a dejarte los labios morados, mucho más de lo que yo los que tengo por las noches debajo de las mantas.
Achanta, achanta, frena el carro y quédate debajo del edredón de plumas salvajes.
A nosotros no nos gusta la alcachofa, la zanahoria y la calabaza. Somos más de solanáceas, ya sabes, pimientos, berenjenas y tomatitos maduros.
¿Te has enterado pedazo de alcornoque escarchado?
 Venimos y te desmontamos el iglú este tan moderno. Te pegamos una serie de sopapos que vas a ver tú lo que es el calorcito estival.


Con la censura y las grandes amenazas, Inviérnolo no se atreve a salir de casa.
Podría ser.
Nosotros todavía lo esperamos  algo desconcertados.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Y seguirá.....

Sacamos los paraguas porque entre las paredes de cristal ovaladas llueven finísimos granos de arena.
Uno tras otro y otro  y más, más, más, más, más y mucho más, van campantes cubriendo dulcemente los pies que intentan correr lo más rápido posible.
Resbalamos y sigue el chirimiri sobre nuestras cabezas.
Caemos sobre el mullido cojín de polvo y entre los dedos se escapan las gotas de sal, inasibles; se van deslizando hasta sumarse a la montaña que cubre cada vez más nuestros cuerpos.
Y entonces, todas las palabras que no encontramos,
que la vida no tiene.
Todos los desasosiegos que no podemos controlar.
Todas las preguntas manifestándose,
que no logramos ni quizás logremos responder.
Todos los lugares que no visitaremos y los sueños,
los sueños que nos visitan,
cada vez más narcolépticos.
Prisas, carreras, todo, todo va zumbando para llegar hacia algún lugar,
para intentar desafiar a la evidencia,
evadir el cambio al que estamos abocados y olvidarnos de que a la vuelta de la esquina
nos espera un silencio.
Ritmos acelerados para hallar el sentido, la alegría, la pena,
tal vez un cierto equilibrio.
Y nos enfurecemos a veces con un ente que no existe, ése, al que le daríamos una paliza por todas las cosas que no deberían formar parte de este mundo y sin embargo existen, existieron y existirán.
Ya no queremos saber de Rousseau y la bondad del hombre.
Sostenemos los paraguas porque hay tormenta en el desierto,
no conseguimos ver nada,
trepamos por las paredes inhóspitas, en vano,
y queremos agarrar con los puños el viento, los sonidos, la comprensión.
Entre dunas sólo hay hojas en blanco, arrugas que nos saludan sonrientes.
Es ya una piscina y queremos nadar,
huir,
descubrir,
dialogar,
saber,
hacer.
Pero no se detiene el torrente de la bóveda.
Vamos de aquí para allá y pensamos, y comemos, pensamos, buscamos, comemos, amamos, deshacemos, abandonamos, viajamos, dormimos, comemos, educamos, emprendemos, respiramos, enloquecemos, reímos, sufrimos y comemos, pensamos y hablamos.
Seguimos y deseamos acercarnos a las ideas, a veces a un erróneo y absurdo ideal.
Y pasa que no sabemos qué hacer, cómo hacer o dejar de hacerlo.
Abrimos, cerramos, buscamos como cerdos las trufas.
Llueve,
llueve entre paredes de cristal ovaladas.
Continua el barullo,
sentimos, todo,
pero no podemos escuchar.
Llueve, llueve,
no se acaban los granos que nos envuelven como un regalo que nadie abrirá.
El silencio, se escucha,
nosotros ya ni lo escuchamos.