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lunes, 18 de enero de 2016

La belleza

No sé si habría otros planetas dispuestos a aguantar el dolor y la inmundicia que lleva soportando el nuestro.  
No comprendo por qué somos tan injustos e inconscientes con la belleza del paisaje, sus tesoros y manjares.
¿Cuál es la pulsión que pisotea, destruye, destroza y derrumba los cimientos de esa gran belleza?
¿Qué gran placer obtiene el animal a cambio?
¿Por qué seduce de ese modo el  papel? Por qué no vivir enamorados de las raíces que permiten fabricarlo?
¿Cuántas más huellas negras nos quedan por dejar?
No entiendo por qué deseamos que se nos recuerde por hazañas de mierda. 
No me gusta pensar en la dominación sin escrúpulos, en el control sin límites, en la falta de respeto por el regalo que supone vivir en la Tierra.
Necesitamos buenas miradas, buenos trazos, buenas maneras de pensar.
Deberíamos pasar desapercibidos, casi  ingrávidos,  sin golpes puñetazos y patadas que desfiguran la forma esférica y su encanto indescriptible.
Por qué no hacer crecer las melodías, los términos medios, las pinturas, las ideas que nos hacen más felices.
Unirnos para olvidar los cuchillos, las armas y los gases.
Pasear por el planeta y brindar por la Gran Belleza,  la de los que piensan, reflexionan y mejoran.
Admirar a los que crean y nos ofrecen un precioso trozo de su alma, que nos impregnan los corazones de notas y colores, que nos acercan los unos a los otros para querer seguir su ejemplo, para respirar lo bello.
Apoyar a los que luchan contra las injusticias y frenar  la locura de lo insostenible, aunque a menudo parezca ser en  vano.
¡Qué rabia, qué angustia arrastrarnos hacia la NADA, hacia el camino del  vacío, de lo feo, represivo, superficial y sobre todo absurdo!
¡Qué lindo sería que otros futuros se acordaran siempre y sólo, de las buenas ideas, las preciosas obras en todas sus formas y de la armonía entre las mentes, tan tan tan y tan efímeras!
Magnífico sería poder vivir sin suciedad, mugre, mohos y podridos;  precioso que todo siguiera su instinto, su curso natural, su integración y el placer que supone experimentarlo.
Cuesta esfuerzos cambiar la vorágine, el tsunami que todo lo arrasa, la fuerza de las ideas corruptas  y malolientes.
Quiero brindar por la BELLEZA, por la gran BELLEZA del planeta. Agradecerle que nos siga alimentando con sus brisas y vientos, que nos dé la oportunidad de convivir con otras especies.
Hoy brindaría porque la belleza se contagiara en nuestros pensamientos, bocas y manos,  en las palabras y actos.
Que la belleza que existe fuera, también se cueza dentro para que emane de los poros, las exhalaciones, de una profunda conciencia.
Que la belleza, todavía presente, a pesar de la basura y todos sus derivados, nos inspire, nos eleve y la imitemos con los gestos y los pasos.
Que lo bello de la tierra nos ayude a amar, a amarnos, más y mejor, que  podamos sumar hermosura al lienzo en el que vivimos.
Y aunque al final estemos abocados a la extinción, vivir, vivir con la mayor belleza posible, haciendo crecer  las flores en las entrañas para ofrecer los mejores perfumes.
Siempre es buen momento para limpiar, para sacarle brillo a la BELLEZA.


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