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martes, 13 de diciembre de 2016

Hacia el cielo

He levantado la vista, desde la ventanilla de atrás.
Siempre hay formas
en las nubes
en el cielo de la imaginación que despierta la sonrisa
el entusiasmo.
He dormido en un colchón entre brazos de música
Puedo ver el techo, las ventanas y el frutero de mi casa.
He abierto el grifo y hay agua 
¡Incluso calentita!
Desayuno, como, meriendo y ceno
con mucha suerte, 
todos los días
absolutamente todos.
Me rodean centenares de objetos
que utilizo y creo poseer.
Late el corazón alegre
mientras pasea a los pies protegidos
sin  dolor.
Responde el esqueleto y su abrigo
a  las órdenes del cerebro.
Se transforma el pasado en un gran maestro,
el dolor en aprendizaje.
Dentro, muy dentro
está
el agradecimiento, el amor
el ser sin tener.
Es ahora,
ahora
ahora
hasta que haya fuerza
energía e ilusión
el momento.
Levantad las almas
observad los deseos
se escurre entre los dedos
el tiempo
que nos hace viejos.



domingo, 9 de octubre de 2016

A morir

Borran las olas,
las huellas que vamos dejando atrás.
Somos espectadores,
de los autobuses que pasan,
del esfuerzo en compañía,
de la lluvia que asoma tímidamente
y es así como nos habla la muerte.
Odiamos, perdonamos y queremos a nuestras familias,
y mientras, ella,
nos abriga,
siempre misteriosa con cada amanecer.
Brillan nuestros ojos de amor,
olvidamos las penas junto a los amigos
y ella nos espera tranquila,
tan desconocida, tan presente.
Añoramos a los que estuvieron,
a los que están lejos.
Soñamos,
por escapar de algunas rutinas,
por sabernos perfectos y capaces entre imágenes
y no se cansa la sombra de recordarnos,
que somos una mota de polvo más,
un punto insignificante encima de un trozo de tierra.
Atravesamos los parques, bosques y selvas
de la infancia, adolescencia y madurez.
Maduramos más o menos,
más tarde o más temprano,
quizá nunca
y no es tristeza,
pero ella,
nos dormirá,
para siempre,
entre sus oscuros brazos.
Ya no hablaremos allí,
de dolor,
duda,
lágrimas,
rabia,
odio,
constancia,
libertad, igualdad e injusticia.
Seremos allí,
el mismo silencio,
los mismos huesos despellejados,
las mismas almas olvidadas.








lunes, 3 de octubre de 2016

No te vayas

-Amor mío, por favor no me hagas esto.
-Tienes que entenderlo, no puedo quedarme eternamente bajo el hueco de tu ala. Necesito respirar, esfumarme, evaporarme y formar parte del entorno.
-Pero¿ qué necesitas? Aquí tienes calor y cobijo. Sé que de vez en cuando las paredes tienen humedades, pero eso, eso ya sabes que es temporal. Te necesito, yo no sé vivir sin tu olor, sin el perfume que penetra cada día mis poros.
-Eso mismo, yo no deseo ser el que tapone y ahogue tu piel. Yo no quiero ser partícipe de tu dependencia, de tu vergüenza cuando no estoy. Yo te dejo para que aprendas a ser tú, con todas las imperfecciones que supone ser humana.
-Nooooooo, por favor, te lo ruego, ¿qué mejor lugar que este? Entre vello, piel y rocío.
- Eso mismo, ya estoy harto de luchar contra el mismo mar y su oleaje. Me esperan fuera de este nido mil paisajes por sobrevolar.
-Voy a sufrir mucho, lo sabes, seré el hazmereír de conocidos y desconocidos. Sola, nadie va a quererme, eres tú quien me ha protegido durante todo este tiempo, quien ha ocultado mis imperfecciones, quien ha disimulado lo que salía de mi interior.
-Vas a aprender mucho enfrentándote a esta situación, dejando que los demás descubran cómo hueles de verdad.
-Cariño, corazón, todo el día pegados, Desodorante no puedes hacerlo.
-Es lo mejor que te puede  suceder a estas alturas de la vida, que despliegue mis alas, que salga corriendo  para que encuentres una solución adecuada.
-Ay dios, Desodorante Antitranspirante Martínez ¡qué dolor más grande!
-Vamos, todo tiene solución, mira hacia adelante y no te hundas entre sudores, lo conseguirás.
-Me va a costar, pero qué remedio, ahora me toca aceptarlo....
-Adiós Axila, no estuvo tan mal estos años contigo.
-Hombre ¡menos mal! eso me consuela,ya me quedo más tranquila.
-Disfruta de tu libertad.
-Eso intentaré.

lunes, 20 de junio de 2016

En lo más alto



Calvo y forzosamente obsoleto, ha decido comprar una escalera, la más alta que encuentre en el mercado. Ha decidido que le va a poner remedio al paro, a sentirse completamente inútil, rechazado y marginado. Ya no puede aguantar la espera, las puertas cerradas, las facturas que se acumulan y los incesantes llantos ahogados de los que viven a su lado. Ha decidido cortar las raíces de este problema que parece no tener fin. Ha comprado la escalera,el dependiente le ha dicho que no encontraría una tan larga como ésta y a continuación, se ha ido a un lugar tranquilo. Un claro de bosque. Se ha introducido unas unas tijeras en el bolsillo del pantalón. Coloca la escalera en el suelo terroso, aprieta un botón y la susodicha comienza a desplegarse automáticamente hacia lo alto mientras la observaba perderse en la lejanía.
Sube peldaño tras peldaño,123456789.........104..........569.........892......1000....2000.......3590...y 4000 "dios mío, ahora entiendo al tío de la tienda cuando me ha dicho lo de  que nunca encontraría una tan larga como ésta". El último peldaño es el más ancho de todos así puede descansar tranquilo sobre una buena y sólida base.
"Muy bien, ya estoy, aquí me encuentro, solo ante el desierto de nubes, he conseguido llegar a este nivel yo solito, sin la ayuda de nadie, sirvo al menos para algo, me cago en la hostia, dichosa vida de las narices ¿quién me iba a decir a mí que iba a llegar a este punto? Pero yo me he dicho que voy a acabar con todo esto, que no puedo alargar más este sufrimiento que me oprime el pecho y me quita las ganas de seguir adelante. Yo me he prometido que encontraría una solución y me encuentro a pocos metros de ella".
El hombre saca las tijeras del bolsillo de su pantalón. Extiende el brazo y comienza a cortar el cielo. Sin casi darse cuenta la escalera ha comenzado a moverse sola, sigue alargándose para ayudar al hombrecillo en su cometido. Corta, corta, corta y sigue cortando para encontrarse con el otro mundo, el que está detrás de ese color azul. El corte es largo y la tela celeste se ha ido enrollando hacia el otro lado. La ventana está abierta y el nuevo espacio tiene un color verdoso, como el del mar. El hombre tiene un brillo desconocido en sus ojos.
"Ahora voy a poder hablar con ellos, los llamaré con todas mis fuerzas  para que me den los  buenos consejos que solo ellos sabían darme, abueloooooooooooooooo, abuelaaaaaaaaaaaaaa, mamáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, si estáis ahí hacedme una señal!!!!!!! Soy yo, Jorge".
No hubo ninguna respuesta.
Y comenzó a llover. Palabras,frases, letras, vocales, consonantes, onomatopeyas, exclamaciones, signos de interrogación, puntos suspensivos, comillas, comas y guiones.
Jorge estaba empapado de recuerdos.
La tinta de sus familiares envolvía cada rincón de su piel.
Y allí en lo alto, lo más cerca que había estado de ellos en muchos años, reencontró la fuerza para volver a apretar el botón y descender, caer en picado.
Supo en ese intante que siempre podría volver a levantarse.



Vejez infantil



En un vagón de un tren de Berlín hay una lucha.
El señor que está sentado delante de mí intenta cerrar a duras penas la cremallera de su gastado bolsito de piel. No puede con el temblor que está metido dentro de sus manos. Lo intenta una y otra vez, como si se le fuera la vida en ello, pero la suave cremallera no se mueve. No hay diferencia, en esta escena, entre un niño que todavía no domina sus capacidades psicomotrices y el señor de mirada perdida y aspecto cadavérico. Su boca abierta y los huesos sobresalientes no pasan desapercibidos.
Por momentos creo que va a fallecer allí mismo. Su cabeza se tambalea con el movimiento del tren y cuando observa el bolso, derrotado, su silencio se llena de palabras.
De repente me mira fijamente y puedo ver el velo que hay en sus ojos, se me encoge el corazón.
Sus manos frágiles permanecen agarradas al bolsito muy despellejado. No ha podido, no ha podido cerrar la cremallera.
Está esperando, la está esperando, esa es su misión, no parece tener otra idea en la cabeza.
En la siguiente parada sube una madre con su hija. El señor se gira ligeramente y sus labios sonríen.
Ahora siento que ha vuelto. Está aquí, en el vagón, respirando ternura, nostalgia, unos segundos de ilusión.



martes, 24 de mayo de 2016

Muerte famosa

Nos recuerda la muerte que no la recordaremos.
Quedarán los abrazos congelados y el canto sordo de los pájaros.
No habrá besos entre abrazos enloquecidos, gotas de lluvia y olor a mimosa.
Ese día tan inesperado borrará los paseos en bicicleta, el hastío de los pelos en la ropa y las carcajadas tan bien compartidas.
Se esfumarán nuestros grandes o pequeños complejos,
las ideas que nos acompañaron a lo largo de nuestras insignificantes vidas.
Vestida de huesos y polvo ahogará los sueños realizados y los que se quedaron en la crisálida.
En ese negro lugar no cabrán los lamentos, las quejas el odio y los helados de avellanas.
Allí, las fronteras, el racismo y la ansiada libertad no existirán.
Reinará la ausencia de dudas, las heridas y las ganas de pisotear.
Nos abandonará el aburrimiento, la envidia y las cervezas frías.
No serán admiradas las fornas de las nubes y los graffitis declarando amor.
Se quedará, en el otro lado, todo lo que creímos que era nuestro.
Y quizá suene Out of nowhere en los funerales para que las lágrimas se conviertan en sonrisas.
A lo mejor escucharemos el baile de las estrellas o la sabiduría del silencio.
¿Quién sabe?




jueves, 19 de mayo de 2016

La nos, tal, tal y talgia

La nostalgia invade repentina e inesperada los rincones de nuestra memoria.
De noche robándonos el sueño, de día conduciéndonos hacia las imágenes del recuerdo.
La nostalgia se compone de largas cartas ilustradas para los que estaban lejos pero también muy cerca. Nos sentábamos a relatar con detenimiento nuestras penas y alegrías, todo lo que habíamos estado haciendo y lo que deseábamos en el futuro.
Bajábamos a por el sello y nos dirigíamos hacia el buzón, aquel misterioso agujero negro que tantas preguntas suscitó en la infancia. Mientras empujábamos la rendija para depositar nuestras frases ensobradas siempre nos invadía la duda, "¿La habré echado en el lugar adecuado?¿ Y si no llega? ¿Cuánto tardará?"
Se respiraba la espera y finalmente llegaba la alegría, la euforia de abrir y degustar la respuesta en soledad, en la intimidad de la adolescencia o la inocencia de los 9 años.
Algunos como mi abuelo, tenían un cuchillo especial abre sobres, un objeto que me fascinaba.
La nostalgia, la nostalgia forma parte de unas manos que estiraban  la manta hasta nuestro cuello y unos labios que besaban nuestra frente en la oscuridad.
La nostalgia es ausencia, de los que nos dejaron, de los que ya no podemos ver tan a menudo, ella es todos y cada uno de los sabores elaborados con el amor que se apagó.
Nostalgia tenemos de fiestas, bailes y risas pasadas.
Nostalgiados a veces  pero no entristecidos, sino felices de acumular momentos a los que volveríamos, aunque solo fuera para decir adiós.



miércoles, 18 de mayo de 2016

Fin de las citas


Se pone un vestido casi nuevo, se maquilla y se recoge el pelo. Ya lleva los tacones y ha decidido no perfumarse, queda apenas una hora para la cita. Se pone un collar, se quita los pendientes y se cambia los zapatos. Añade colorete a las mejillas y elige otro collar. Se repasa los ojos y hace algo que nunca había hecho, pintarse los labios de rojo, es la edad, se dijo.
Se mira en el espejo y se tapa las ojeras con un corrector. Se suelta el pelo, observa sus canas e inclina la cabeza.  Se hace una trenza, la suelta, se toca el vientre, las caderas y se aprieta las carnes con los dedos. Se levanta. Se quita el vestido y se pone una camisa y pantalones blancos  impolutos.  Coge la botella de perfume y al final  deja caer unas gotas por detrás de cada lóbulo. Se estira la cara y se pone crema en las manos, de fondo suena Beethoven. Se mira en el espejo y se odia, meticulosamente, con mucha paciencia. Escucha los susurros  de su insoportable enemistad y no aguanta  la culpabilidad y los reproches acumulados. Se sienta a abre con cuidado una pequeña caja y allí dentro están las cuatro siguiendo un paralelismo perfecto. 
Las tenía allí como oro en paño y pensó que ya había llegado el momento de usarlas.
 Las levanta con sumo cuidado  y las coloca a  un lado de su cabeza, se quedan flotando, las comilllas ya están abiertas entre el silencio que ahora emiten sus labios y el otro lado de su perfil.  Se hace una foto con el móvil, la mira con detenimiento buscando en ella los defectos y  el paso del tiempo en su rostro. Cierra los ojos y se lo imagina sentado, en la mesa del restaurante al que  van  todos  los viernes por la noche, con sus vaqueros y las camisas de cuadros que tanto le gustan. Percibe incluso su olor, el que siempre había querido retener en su piel.  Puede ver con toda claridad la sonrisa que siempre le dedica como si fuese la única mujer en el mundo.  Sabe que será otro viernes manchado de estúpidas promesas, rodeado de  regalos que necesitan compensar los años de espera.  Y es entonces cuando sus valientes labios osan decir:

“No voy más”. Estira el brazo hacia la caja y se cierra las comillas.  

miércoles, 13 de abril de 2016

A la imperfección, por y para ella.

 ¿Qué somos?

Ante todo y sobretodo: IMPERFECTOS,
cometas que se enganchan  entre las ramas de los árboles,
pensamientos contrapuestos luchando en los desiertos de los relojes de arena.
Algunas veces, camellos,
acumulando lo que no nos llevaremos
el día del silencio oscuro.
Seres destinados a calvicies, canas, arrugas,desprendimientos y flacideces varias.
Cuerpos sometidos,
ideologías que destrozan cuerpos.
Ante todo y sobretodo: IMPERFECTOS
Una especie que huye del dolor,
sin saber cómo poder aceptarlo,
cómo dejarlo pasar.
Animales que buscan sin acción,
que no saben cuándo, hacia dónde ni por qué.
Un cúmulo de culpas, vergüenzas, odios, rabias, celos,exigencias, ideales y miedos.
Una indignación eterna frente a la desesperación y la injusticia,
el vacío de sabernos caminando hacia lo desconocidamente conocido,
la construcción de una pequeña y reducida opinión sobre la vida y sus dilemas más grandes.
Toda esa imperfección,
la pereza,
la gula,
la avaricia,
somos.
El boceto de lo que desearíamos ser y no seremos.
La perfección del sueño despierto.
Y seguiremos siendo imperfectos,
rellenos de dudas, errores, chocolate y pisto.
Imperfectos, en un mundo igual de imperfecto.
Y al parecer,
no dejamos de SER,
nosostros,
todos y cada uno de nosotros.
Solo sabemos ser imperfectos,
cada uno a su manera,
lo mejor que puede,
cada día al despertar.












martes, 5 de abril de 2016

Fuego en las teclas

El atril en la cocina, para elaborar la melodía de las patatas, zanahorias y los silencios de la tristeza.
En los cajones no hay cubiertos, trapos o delantales,
solo hojas con pentagramas,
todas las composiciones que no hizo sonar.
Una mesa rayada con lápiz ocupa el centro del espacio,
notas de alegría, frustración y dolor,
sonidos que no encontraron monedas ni papel para escribirlos.
Grifos sin agua y platos llenos de lágrimas.
Dentro de las copas,
cartas,
muchas cartas sin abrir,
y los dedos,
hinchados de tanto apretar.
Suena la rabia, el lamento de  un occidente enloquecido.
La despensa  llena de ideas sin minerales ni vitaminas y
las puertas cerradas al mundo desalmado.
Suenan bombas y tiroteos y a través de la ventana llega el olor a humo, a carne humana.
Las teclas, bajo unas manos coléricas,
arden en llamas,
llamas que no queman cabellos ni pestañas.
Toca el corazón,
empapado de injusticias y locura inefable.
Y mientras corre la sangre de inocentes en todos los rincones,
suena la desesperación entre servilletas y ollas oxidadas.
Hubo, hay y  habrá muchas canciones,
hubo, hay y habrá crueldad,
horribles y asquerosas muertes.




 

jueves, 31 de marzo de 2016

A las madres, las ausentes

Dicen los personajes en  la "Juventud" que casi no recuerdan las caras de sus padres y lo que hicieron por ellos.
Yo ahora cierro los ojos para rememorar qué hizo ella durante 22 años a mi lado.
Quiero recordar el incontable número de abrazos,
la galaxia de besos que dibujó en mis mejillas.
Quiero soñar con sus palabras, todavía con acento francés.
Volver a comer las tortillas de patatas con leche y las interminables sopas de verduras.
Revivir el desayuno de la infancia, cómo me llevaba de la mano hacia la parada del autobús.
Quiero acordarme de cómo revisaba la cartera del colegio,
de cuando me ayudaba a repasar los insoportables exámenes o
cómo colocaba mis dedos en el mástil de su guitarra de palosanto.
Querría volver a sentir aquella mirada fija en mi rostro, su consuelo frente a las lágrimas y
escuchar de nuevo sus ataques de risa, el roce de las páginas de sus lecturas nocturnas.
Quiero cerrar las pestañas para imaginarme haciendo todo lo que no pudimos hacer en 11 años de distancia, en 33 años de vida.
Esperar, poder esperarla entre croissants y panes,
que se sentará en esa silla ,ésa tan vacía al otro lado de la mesa en la que me hallo.
Ojalá apareciese para desabrochar el nudo de mi corbata, para llorar de alegría abrazándonos.
Yo hubiera querido que llegase a tener la espalda encurvada, el paso lento, la voz de abuelita y todas las manías de las personas mayores.
Hubiera querido que sus manos tejiesen los jerseys de mis hijos.
Ahora necesitaría sus consejos, su aliento y sus canciones.
Y ya no recuerdo mucho.
Quizás las veces que fuimos a comprar al mercado y hablaba en valenciano con las fruteras de Patraix.
La cantidad de veces que trenzó mis cabellos y el olor de las herboristerías a las que iba.
Ahora ya no habla el dolor de su alma y  la incomprensión del maltrato.
Ella, permanece, está,
en los gestos, en la mirada, en el tono de las palabras, en la piel que habito.
Ella me acompaña en cada rincón, en todos los momentos,
en cada lágrima que la añora.

jueves, 3 de marzo de 2016

Las manecillas del reloj

Ráfagas de viento envuelven la mañana y desde la fachada nos observa el reloj de la estación.
Somos casi papel ante la rabia de la fuerza que nos empuja. Nos castiga, como si quisiera barrernos, exiliarnos con un poder que no controlamos y que nos vuelve enormemente vulnerables, muy insignificantes.
Entre marañas de pelo electrocutadas, pasos dificultosos y ojos entrecerrados ceden las manecillas del reloj, reculan para volver por donde habían venido.
La aplastante y rotunda monotonía cae en un pozo oscuro y profundo.
En los bancos abarrotados de gente se  pasan las páginas de los libros y periódicos al revés. 
Los transeúntes caminan sobre sus manos y chocan sus pies a modo de saludo.
Entrelazan los muslos los enamorados para abrazarse y la lluvia, a punto de caer, vuelve a su vapor condensado.
Ha cesado el viento y los coches deshacen lo avanzado, para volver a ciertos orígenes.
Se encienden los cigarrillos por el filtro y la sopa se mastica con la ayuda de un tenedor.
Mientras desanda los caminos, se vuelve a  plantear la humanidad a sí misma todas las preguntas cuyas respuestas dudosas se han intentado resolver durante miles de años.
Olvidan aburrirse delante de las cocinitas de madera, recuperan la ilusión por los besos, las caricias, la amistad y los ideales. 
Resuenan las músicas que escuchaban una y otra vez en las habitaciones con puerta cerrada y rememoran los saltos de la cama al suelo.
Desaprenden de espaldas la ansiedad por engullir la vida sin saborearla.
Y vuelven a los cuerpos tumbados al sol estival, a los primeros toqueteos inocentes y a todos los libros que no entendieron a temprana edad.
Renuevan la mirada, y los ojos miran hacia adentro para saber qué le piden a la vida, qué esperan de ella, cómo tomarla sin atragantarse, cómo comerla sin que se haga bola, cómo no hacer una bulimia o anorexia de ella.
Se detienen los humanos con las manecillas que siguen a contracorriente, y se acuerdan de la percepción de otros tiempos, en los que nada era tan serio, en los que no tenían la impresión de querer demostrar u obtener resultados de todo cuanto hiciesen. 
Se detienen para calmar ese insaciable deseo de querer comprarlo todo, "viajarlo" todo, escucharlo todo, leerlo todo, saberlo todo, vivirlo todo sin saber exactamente qué significa vivirlo todo.
Las manecillas continúan recorriendo su pasado para preguntarnos qué necesitamos de este presente, de este ahora en el que la prisa del viento nos vuelve algo locos.
Y vuelven los espejos para hablarnos y decirnos que solo nos queda vivir, que existimos y basta con ser, ser en armonía con lo que ya somos.
Retroceden las manecillas, y nos ayudan, con sus intensos recuerdos a entender que el jugo se saca con calma, paciencia y amor.
Siguen caminando, se persiguen en su cuenta atrás y así nos invaden las imágenes que nos han acompañado dentro de esta maleta llena de alma y sentimientos. 
Puede que  hubiésemos querido acumular otras imágenes, muy distintas de las que ya pertenecen a nuestra memoria. Puede que hubiésemos querido escuchar que siempre se sintieron muy orgullosos de nosotros, que nos querían con locura y que hubiésemos conseguido cualquier cosa si nos lo hubiésemos propuesto.
Quizás nos gustaría borrar muchas de ellas, pero son las que nos enseñan cada día a querer ser quienes somos.
Siguen desandando,esas manecillas arrastradas por el viento, y nos reencuentran incluso con los que ya no están a nuestro lado, y nos dejan hablarles, decirles todo lo que no pudimos cuando todavía estaban vivos. 
Perdonar, perdonarlo todo.
El viento, hace de las manecillas cangrejos que nos conectan con la infancia, la tan tan tan tan olvidada por el mundo que pretende ser adulto y cuerdo todos los días.
El viento nos lleva la vista atrás y nos hace reflexionar, el viento siempre mueve las manecillas.




viernes, 26 de febrero de 2016

Allá en el universo


Me he imaginado nadando en medio del universo mientras avanzan las ruedas de la bicicleta sobre el asfalto.
Miro a los transeúntes pero mi cabeza va recorriendo sin cesar  el inconcebible infinito.
No encuentro muros, fronteras, barreras, límites ni miedos que paralicen este camino inefable.
Todo es nuevo alrededor y no existen palabras para describir lo que no podemos experimentar.
Quiero creer que hay una quietud allá arriba, una distancia de esta, a veces, absurda realidad llena de ego.
Acercarme a la inexistencia, ese fin que nos espera en algún instante y aceptarlo como una de las reglas del juego.
No hay racionalidad en los planetas, las estrellas, las galaxias y esta respiración que nos posee.
Y hay mucho misterio fuera,
también dentro.
Nos vive un desconocimiento absoluto sobre la conciencia que nos conduce y aceptamos como parte de la gran incógnita  de la existencia y su evolución.
Hay muchos viajes por realizar,
y el destino de algunos de ellos podría  simplemente ser:
comprender que estamos hecho de universo, de sustancias que nos ha ofrecido este planeta.
Solo somos fruto, una especie,un sencillo suspiro.
Un cuerpo desnudo a menudo disfrazado.
No somos nada.






lunes, 22 de febrero de 2016

Medios, medias



Ya no era su media naranja,
ni media patata,
ni medio tomate,
ni medio mango,
ni media fresa,
ni medio melón.
Ni siquiera su media sandía.
No era su medio cacahuete,
su media almendra,
su medio pistacho,
ni su medio pepino.
No, no,
ya no iba a ser
su media coliflor,
su media zanahoria,
ni siquiera su media cebolla.
Os digo que no,
que un buen día decidió
que ya no tenía ganas de seguir siendo
su media alcachofa,
su media manzana,
su media papaya y su media yuca.
Tenía bien claro,
que dejaría de ser su medio plátano o banana,
su medio coco, su media cereza y su medio melocotón.
Abandonó su rol de
medio albaricoque,
medio higo,
medio aguacate
y media chirimoya.
Se había cansado
de partir los limones,
las limas,
los boniatos,
y las calabazas.
No quiso utilizar más el cuchillo para
el nabo, la chirivía y el nabicol.
Olvidaría las medias,
tintas.
Abrazaría lo entero
Se comería a bocados la pieza,
sin divisiones,
disfrutando de cada uno de los átomos que la componían.
Miraría de frente,
siempre ante el volumen y voluptuosidad,
las curvas y formas completas.
Descubriendo en sus ojos
el olor,
en su boca el tacto
y en sus manos los sonidos.
Lo quería TODO,
sin descartar ni separar un pedazo.
Todas las líneas,
las rugosidades e imperfecciones.
Todos los pliegues y arrugas.
Gramo a gramo hasta saborear todos los kilos.
Todo,
las palabras con o sin sentido,
las que ayudan, calman y hechizan.
Inspirar el cielo,
las nubes,
convertirse en el holismo planetario.
Ser la música de los planetas cuando bailan,
la luz de lo que no alcanzamos a ver.
Exiliarse de las partes,
amar el sistema y
todas sus funciones,
con y sin cambios.
Querer la naranja, una,
completa,
presente, redonda, robusta y radiante.
Con toda su piel, sus capas,
sin desperdiciar ni una gota del jugo.
Poder rodearla con las dos manos,
y sentir su peso,
su ser,
así,
sin más,
así,
sin menos.
















jueves, 11 de febrero de 2016

Creo que ya sé por qué no hay invierno

Me pregunto cómo explicarían en Grecia, allá por el siglo quinto antes de Cristo, el hecho de no tener invierno.
Seguramente lo achacarían a que el dios del verano, Veranus Maximísimum, se levantó un día de mal humor, harto de tener los pies helados y los cataplines encogidos y fue a visitar a Inviérnolo.

-Hey!!!! Tú!!!!Dios de pacotilla! Ya basta ¿no? Tres meses arruinándome la vida, casi sin luz como un muñequito al que sólo le falta la zanahoria en la cara, congelándome las flores y las puntas de las orejas. ¿Qué te has pensado? El rey de los temblores y escalofríos?
Como se te ocurra salir de casa, llamo al dios Primaveris y a toda mi trope de "Veraneamos" y te quemamos en la hoguera. Tú y tu troupe de "Invierdadanos" no vais a paralizarnos.
¿LO TIENES CLARO como el clarinete de Diógenes, ése sí sabe vivir con sus perros y su bidón. ¡ALA! ya lo sabes....no muevas un dedo que ya nos has robado bastantes horas de sol,  juergas al aire libre y baños en el mar. Ya está bien de escondernos el azahar, las sandías y los melocotones, TO PA TI, TO PA TI, TO PA TI....y a los demás que les zurzan.
¿Qué pasa si a algunos nos gusta disfrutar de caminar con espardeñas y poco abrigo, eh????eh???eh???eh??? qué pasa??? Me lo explicas? en libertad despreocupada, así tranquilos, bajo la luz de mi camarada Lorenzo.
¡Que yo me entere! dios de postureo con jeta de iceberg!
Como pongas un pie en la calle empieza a acobardarte porque sino voy a dejarte los labios morados, mucho más de lo que yo los que tengo por las noches debajo de las mantas.
Achanta, achanta, frena el carro y quédate debajo del edredón de plumas salvajes.
A nosotros no nos gusta la alcachofa, la zanahoria y la calabaza. Somos más de solanáceas, ya sabes, pimientos, berenjenas y tomatitos maduros.
¿Te has enterado pedazo de alcornoque escarchado?
 Venimos y te desmontamos el iglú este tan moderno. Te pegamos una serie de sopapos que vas a ver tú lo que es el calorcito estival.


Con la censura y las grandes amenazas, Inviérnolo no se atreve a salir de casa.
Podría ser.
Nosotros todavía lo esperamos  algo desconcertados.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Y seguirá.....

Sacamos los paraguas porque entre las paredes de cristal ovaladas llueven finísimos granos de arena.
Uno tras otro y otro  y más, más, más, más, más y mucho más, van campantes cubriendo dulcemente los pies que intentan correr lo más rápido posible.
Resbalamos y sigue el chirimiri sobre nuestras cabezas.
Caemos sobre el mullido cojín de polvo y entre los dedos se escapan las gotas de sal, inasibles; se van deslizando hasta sumarse a la montaña que cubre cada vez más nuestros cuerpos.
Y entonces, todas las palabras que no encontramos,
que la vida no tiene.
Todos los desasosiegos que no podemos controlar.
Todas las preguntas manifestándose,
que no logramos ni quizás logremos responder.
Todos los lugares que no visitaremos y los sueños,
los sueños que nos visitan,
cada vez más narcolépticos.
Prisas, carreras, todo, todo va zumbando para llegar hacia algún lugar,
para intentar desafiar a la evidencia,
evadir el cambio al que estamos abocados y olvidarnos de que a la vuelta de la esquina
nos espera un silencio.
Ritmos acelerados para hallar el sentido, la alegría, la pena,
tal vez un cierto equilibrio.
Y nos enfurecemos a veces con un ente que no existe, ése, al que le daríamos una paliza por todas las cosas que no deberían formar parte de este mundo y sin embargo existen, existieron y existirán.
Ya no queremos saber de Rousseau y la bondad del hombre.
Sostenemos los paraguas porque hay tormenta en el desierto,
no conseguimos ver nada,
trepamos por las paredes inhóspitas, en vano,
y queremos agarrar con los puños el viento, los sonidos, la comprensión.
Entre dunas sólo hay hojas en blanco, arrugas que nos saludan sonrientes.
Es ya una piscina y queremos nadar,
huir,
descubrir,
dialogar,
saber,
hacer.
Pero no se detiene el torrente de la bóveda.
Vamos de aquí para allá y pensamos, y comemos, pensamos, buscamos, comemos, amamos, deshacemos, abandonamos, viajamos, dormimos, comemos, educamos, emprendemos, respiramos, enloquecemos, reímos, sufrimos y comemos, pensamos y hablamos.
Seguimos y deseamos acercarnos a las ideas, a veces a un erróneo y absurdo ideal.
Y pasa que no sabemos qué hacer, cómo hacer o dejar de hacerlo.
Abrimos, cerramos, buscamos como cerdos las trufas.
Llueve,
llueve entre paredes de cristal ovaladas.
Continua el barullo,
sentimos, todo,
pero no podemos escuchar.
Llueve, llueve,
no se acaban los granos que nos envuelven como un regalo que nadie abrirá.
El silencio, se escucha,
nosotros ya ni lo escuchamos.


jueves, 28 de enero de 2016

MADAME CARCAJADA

Se ríe la carcajada del aburrimiento,
nos despoja y libera de lo absurdo, lo ridículo  y  el sinsentido que a veces provoca ser y hacer.
Posee las almas que se acompañan y comparten  y no deja que nos miremos a los ojos para no morir ahogados en la marea que sigue subiendo imparable.
La carcajada aleja el drama y las preocupaciones,
ella,
existe para recordarnos que nada es tan grave, complejo e inamovible.
Nos planta cara, y nos “abdominea” el vientre,
ella, nos vuelve más pájaros.
Se ríe la carcajada de nosotros, de la rutina, las normas, órdenes, prohibiciones y obligaciones.
Nos visita repentina, sorprendente y con los brazos extendidos
nos  regala complicidad, comprensión y empatía.
La acogemos como nuestro mejor huésped,
la tratamos como a nuestros hij@s.
Se despierta vendaval y nos arroja del micro mundo en el  que habitamos y limitamos.
Nos arropa con la manta de su relatividad y fuerza para volver a arrancar de nuevo.
Ahuyenta  las suposiciones infundadas, las críticas que hieren, las jerarquías y sus juegos,
la carcajajajajajajajajada esfuma todos los disfraces.
Alimenta la sabiduría su
“JUA JUA JUA JUA JUA JUA JUA JUA “
reconectándonos con este mundo, al que a menudo,
nos enfrentamos con los sueños que nos viven.
Sopapea la carcajada al odio, los celos y la envidia.
Sale decidida a enterrar el enfado y su rencor  permitiéndonos hacer las paces con la existencia.
La amo, como la trucha al trucho,
porque une,
relaja,
enseña.
Porque nos brinda el humor,
el que tanto necesitamos para no tomarnos todo este asunto misterioso,
de manera tan seria.


lunes, 25 de enero de 2016

Sabia consejera

Se llenan las manos de estaciones,
las casas,
de mar y arena azucarada.
Los oídos escuchan
todas las verdades,
sólo las verdades.
Los ojos,
respiran con alegría
ante el acontecimiento.
Y así,
caminan ingrávidos,
los pies que no sentimos.
En los bolsillos de las chaquetas,
chalecos y pantalones,
se acumulan los besos dorados,
infinitos.
En las almas, un agua,
bien cristalina.
Y las mentes,
serenas,
se olvidan de los disparos,
se acuerdan de la muerte,
fiel compañera,
siempre,
sabia consejera.



LAS MEJORES RECETAS

Blancas, redondas, negras, puntos, palos, silencios y claves de sol.
Serpentean, bailan, reptan y escalan sobre algo llamado pentagrama,
entre las reflexiones que emanan del insomnio.
Suspendidas,
como gorriones sobre cables,
se contornean acariciando los oídos,
ellas,
consiguen envolver las pieles de escalofríos y gallina.
Son, son, son, son, son, son,
manos, cocinando ingredientes,
recetas de aromas melódicos
embriagando los órganos que no vemos.
Hermosas combinaciones,
dispuestas a arrancarnos las lágrimas,
anudarnos las gargantas y
removernos el estómago.
Notas,
que se cuelan,
que nos viajan y hacen viajar,
tan lejos,
tan cerca.











lunes, 18 de enero de 2016

La belleza

No sé si habría otros planetas dispuestos a aguantar el dolor y la inmundicia que lleva soportando el nuestro.  
No comprendo por qué somos tan injustos e inconscientes con la belleza del paisaje, sus tesoros y manjares.
¿Cuál es la pulsión que pisotea, destruye, destroza y derrumba los cimientos de esa gran belleza?
¿Qué gran placer obtiene el animal a cambio?
¿Por qué seduce de ese modo el  papel? Por qué no vivir enamorados de las raíces que permiten fabricarlo?
¿Cuántas más huellas negras nos quedan por dejar?
No entiendo por qué deseamos que se nos recuerde por hazañas de mierda. 
No me gusta pensar en la dominación sin escrúpulos, en el control sin límites, en la falta de respeto por el regalo que supone vivir en la Tierra.
Necesitamos buenas miradas, buenos trazos, buenas maneras de pensar.
Deberíamos pasar desapercibidos, casi  ingrávidos,  sin golpes puñetazos y patadas que desfiguran la forma esférica y su encanto indescriptible.
Por qué no hacer crecer las melodías, los términos medios, las pinturas, las ideas que nos hacen más felices.
Unirnos para olvidar los cuchillos, las armas y los gases.
Pasear por el planeta y brindar por la Gran Belleza,  la de los que piensan, reflexionan y mejoran.
Admirar a los que crean y nos ofrecen un precioso trozo de su alma, que nos impregnan los corazones de notas y colores, que nos acercan los unos a los otros para querer seguir su ejemplo, para respirar lo bello.
Apoyar a los que luchan contra las injusticias y frenar  la locura de lo insostenible, aunque a menudo parezca ser en  vano.
¡Qué rabia, qué angustia arrastrarnos hacia la NADA, hacia el camino del  vacío, de lo feo, represivo, superficial y sobre todo absurdo!
¡Qué lindo sería que otros futuros se acordaran siempre y sólo, de las buenas ideas, las preciosas obras en todas sus formas y de la armonía entre las mentes, tan tan tan y tan efímeras!
Magnífico sería poder vivir sin suciedad, mugre, mohos y podridos;  precioso que todo siguiera su instinto, su curso natural, su integración y el placer que supone experimentarlo.
Cuesta esfuerzos cambiar la vorágine, el tsunami que todo lo arrasa, la fuerza de las ideas corruptas  y malolientes.
Quiero brindar por la BELLEZA, por la gran BELLEZA del planeta. Agradecerle que nos siga alimentando con sus brisas y vientos, que nos dé la oportunidad de convivir con otras especies.
Hoy brindaría porque la belleza se contagiara en nuestros pensamientos, bocas y manos,  en las palabras y actos.
Que la belleza que existe fuera, también se cueza dentro para que emane de los poros, las exhalaciones, de una profunda conciencia.
Que la belleza, todavía presente, a pesar de la basura y todos sus derivados, nos inspire, nos eleve y la imitemos con los gestos y los pasos.
Que lo bello de la tierra nos ayude a amar, a amarnos, más y mejor, que  podamos sumar hermosura al lienzo en el que vivimos.
Y aunque al final estemos abocados a la extinción, vivir, vivir con la mayor belleza posible, haciendo crecer  las flores en las entrañas para ofrecer los mejores perfumes.
Siempre es buen momento para limpiar, para sacarle brillo a la BELLEZA.


lunes, 11 de enero de 2016

bésame mucho

Se estampó.
Claramente,
fue un avión aterrizando en la pista de mis labios.
El beso mosquito,
colándose sin poder evitarlo,
el de auto de choque sin música de feria.
Se remontó,
el beso,
al patio de colegio,
vergonzoso, miedoso, tímido y robado.
Se manifestó niño,
dentro del cuerpo adulto,
rayo,
entre boca de tormenta.
Fui desconcierto y ojos de plato
en las calles de Ruzafa.
Aquel beso,
fue nota de humor,
recuerdo
en el diario de los besos.
Como el primero o aquel,
vestido de tal excitación y
con el que casi desencajamos
la lengua de su lugar.
No se olvidan los besos tan deseados en el cine,
y aquellos delante del televisor,
con la famosa excusa de:
"Vamos a ver una película"
cuyo final jamás se contempla.
Hay cruces de labios que se entienden,
comparten ritmos y movimientos.
Otros fugaces que no vuelven.
Hay siluetas,
perfiles confundidos,
fundidos
en el beso.
Labios adolescentes que se pasean eternos
entre las húmedas almohadas sonrojadas.
Besos redondos,
que animan los días cuadrados.
Mariposas suaves,
sobre frentes,
narices, mejillas y barbillas.
Besos que se agarran,
a la montaña del recuerdo,
que nos esculpen y moldean
en los talleres del amor.
Besos que crearon bandas sonoras en
parques,
coches,
hoteles,
probadores.
En medio  del oleaje marino.
Hay todos esos BESOS
que hubiésemos dado con gran ímpetu
y que por desgracia no entregamos.
Esos que llegan, llegan, llegan,
y mientras los saboreamos, nos decimos,
¡POR FIN!
No se puede,
no se puede vivir sin ellos,
sin la inclinación,
a la que están subordinados.
De un lado a otro,
péndulos,
badajos que hacen resonar
las campanas del placer.