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viernes, 2 de octubre de 2015

manifiesto floral

Han llorado
y lloran las flores,
a moco tendido.
Sollozan
por la barbarie humana.
Caen sus lágrimas,
encima de plásticos
que no entienden,
y la tierra que recubre sus pies,
ya es otra maloliente tierra.
Berrean, desesperadas,
sin respuestas.
Y piensan, seguro que deben pensar:
sólo ese ser mata, contamina y ensucia
porque sí,
maltrata,
por diversión y perversión,
arranca sin razón,
aniquila sin más
e impone  sin parar.
Lloran, lloran y lloran,
eternamente lloran,
porque sigue
ese animal enfermo,
consumiendo lo que no necesita,
invadiendo lo que cree suyo,
destruyendo lo que le da de comer,
dejando huellas de mierda fétida al pasar.
No asimilan las flores,
qué es la llamada conciencia,
aquella,
a veces sin escrúpulos,
la que no puede deshacerse de lo que inventa,
aquella a la que sólo le importa,
los papeles de colores,
que llenan las bocas de orgullo,
de apariencias, de banalidades, de pura ambición.
Lloran porque hay más inteligencia
en el reino animal,
porque los instintos
en los humanos, están en muchas partes,
muy, demasiado truncados.
Sufren las flores,
y si ellas pudieran, harían huelga,
manifestaciones contra la lacra,
esa lacra que tatúa el planeta,
así, ala, porque todo da igual,
porque ya explotará en otra ocasión.
Padecen y  padecerán,
las flores,
que lloran en los cementerios,
porque no entienden a estos animales,
a los que llaman humanos.

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