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martes, 20 de octubre de 2015

formas en el cielo



Con los ojos puestos en las nubes,
adivinando las formas que dibuja el cielo,
me paseo, niña
lloro, adulta,
pero alegre,
sin luchar contra la tristeza,
que está, existe,
que patalea, remueve y se va.
Con ganas de descubrir
los instintos,
a los que ignoramos una y otra vez,
la intuición,
buena y olvidada consejera.
Con la voluntad de abandonar
la razón
deportista insaciable,
que recorre kilómetros sin llegar a la meta.
Con la necesidad de recuperar
los placeres mundanos, sencillos,
aquellos que dan sentido a la existencia.
Con un irremediable antojo
de saber qué significa ser auténtico.
Con la mirada abierta a lo
que un día será oscuridad,
silencio,
nada.
Con el miedo al vacío,
que no logramos explicar,
quizás porque se nos escapan los segundos,
a lo mejor porque no hablamos de la muerte.
Con la fortuna de saber que "amistamos"
unos con otros,
algunos complejos y atormentados,
otros más apaciguados y optimistas.
Con el bienestar de sentirnos
comprendidos, plenos y contentos
de ser como somos.
Con la duda que nos acecha,
y que mengua con la carcajada.
Con las listas de cosas por hacer,
que nos hacen temblar si no cumplimos.
Con los cambios que no cesan,
la única certeza,
a la que podemos acogernos,
hasta que llegue
nuestro eterno descanso.
Mientras tanto
pasen al teatro de la vida
pasen, pasen y vean,
disfruten, sollocen,
busquen y encuentren,
muchas preguntas,
quedarán siempre sin resolver.


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