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lunes, 19 de octubre de 2015

A las sopas de madre



¡Otra vez sopa mamá!

Hacía ollas para cinco días,
cenábamos lo mismo un día tras otro,
sin conservantes ni colorantes,
pero sopa, sopa, sopa, sopa y más sopa,
paso a paso a paso a paso elaborada,
y aunque ella nos repitiera
hasta la mismísima saciedad
la gran suerte de tomarla,
para nosotros era como darnos un sopapo,
era un suplicio, un auténtico coñazo.
Hoy, podría cenar sopa todas las noches,
para volver a escuchar sus consejos,
para remover junto a ella la cuchara
mientras se nos deshacía el queso rayado.
Esta mañana he triturado la sopa en su nombre,
porque esta noche, en la mesa de casa,
cuando esté ante el plato,
con Nori mirándome fijamente,
recordaré sus ojos,
tan verdes como los de mi gata.









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