blog sindria

sábado, 24 de octubre de 2015

Días para recordar

Si hay días que se quedan en la memoria,
será por la nieve inesperada,
el trineo improvisado en la colina,
el cuerpo que temblaba ante el primer encuentro en una casa
mientras los copos,
congelaban la imagen para el recuerdo.
Hay días que no se olvidan,
porque la lavadora de una lavandería,
sujetó dos cuerpos que se escondían de otros oídos,
porque el musgo de un bosque,
amortiguó el amor desenfrenado.
Días,inolvidables, empapados de alcohol,
conduciéndonos a la lujuria inefable.
Ciertos días que nos marcaron por sus besos
en la calle,
en el coche,
en el sol de marzo en una playa.
Días vestidos de funeral y angustia.
Esos días que impregnaron la boca
de carcajadas kilométricas.
Algunos días que nos hicieron volar,
con las palabras, la compañía y
los sueños por construir.
Días absurdos con el pijama y escobas en la calle.
Ciertos días de locura absoluta, de racionalidad poseída,
de vicios incesantes.
Esos días de tormenta,
que nos dejaron CHOFS CHOFS en los pies.
Los días y  noches de historias con las grúas.
Aquellos días que se tranformaron en noches,
después, de nuevo en días,
y seguíamos con los ojos muy abiertos
para no dejar de vernos.
Días de viajes en buenas compañías,
buena comida,
y carreteras sin final.
Días de tardes de café,
en otro continente,
uno frente al otro,
las almas trenzadas,
arreglando el mundo.
Días tumbados, acompasando respiraciones.
Muchos días de adioses,
con el corazón helado,
encogido.
Los días de abrazos que alimentaban,
de lágrimas que no aceptaban el silencio.
Días de pies mojados en ríos,
esos en los que nuestras manos eran siamesas.
Por esos, por todos esos días
que ya forman parte de la maleta de los días
que ya no podemos borrar,
por todos esos días que han sobrevivido
al olvido,
al entierro,
por esos días
que han pasado a formar parte
de los relatos de nuestras vidas



martes, 20 de octubre de 2015

formas en el cielo



Con los ojos puestos en las nubes,
adivinando las formas que dibuja el cielo,
me paseo, niña
lloro, adulta,
pero alegre,
sin luchar contra la tristeza,
que está, existe,
que patalea, remueve y se va.
Con ganas de descubrir
los instintos,
a los que ignoramos una y otra vez,
la intuición,
buena y olvidada consejera.
Con la voluntad de abandonar
la razón
deportista insaciable,
que recorre kilómetros sin llegar a la meta.
Con la necesidad de recuperar
los placeres mundanos, sencillos,
aquellos que dan sentido a la existencia.
Con un irremediable antojo
de saber qué significa ser auténtico.
Con la mirada abierta a lo
que un día será oscuridad,
silencio,
nada.
Con el miedo al vacío,
que no logramos explicar,
quizás porque se nos escapan los segundos,
a lo mejor porque no hablamos de la muerte.
Con la fortuna de saber que "amistamos"
unos con otros,
algunos complejos y atormentados,
otros más apaciguados y optimistas.
Con el bienestar de sentirnos
comprendidos, plenos y contentos
de ser como somos.
Con la duda que nos acecha,
y que mengua con la carcajada.
Con las listas de cosas por hacer,
que nos hacen temblar si no cumplimos.
Con los cambios que no cesan,
la única certeza,
a la que podemos acogernos,
hasta que llegue
nuestro eterno descanso.
Mientras tanto
pasen al teatro de la vida
pasen, pasen y vean,
disfruten, sollocen,
busquen y encuentren,
muchas preguntas,
quedarán siempre sin resolver.


lunes, 19 de octubre de 2015

A las sopas de madre



¡Otra vez sopa mamá!

Hacía ollas para cinco días,
cenábamos lo mismo un día tras otro,
sin conservantes ni colorantes,
pero sopa, sopa, sopa, sopa y más sopa,
paso a paso a paso a paso elaborada,
y aunque ella nos repitiera
hasta la mismísima saciedad
la gran suerte de tomarla,
para nosotros era como darnos un sopapo,
era un suplicio, un auténtico coñazo.
Hoy, podría cenar sopa todas las noches,
para volver a escuchar sus consejos,
para remover junto a ella la cuchara
mientras se nos deshacía el queso rayado.
Esta mañana he triturado la sopa en su nombre,
porque esta noche, en la mesa de casa,
cuando esté ante el plato,
con Nori mirándome fijamente,
recordaré sus ojos,
tan verdes como los de mi gata.









viernes, 2 de octubre de 2015

manifiesto floral

Han llorado
y lloran las flores,
a moco tendido.
Sollozan
por la barbarie humana.
Caen sus lágrimas,
encima de plásticos
que no entienden,
y la tierra que recubre sus pies,
ya es otra maloliente tierra.
Berrean, desesperadas,
sin respuestas.
Y piensan, seguro que deben pensar:
sólo ese ser mata, contamina y ensucia
porque sí,
maltrata,
por diversión y perversión,
arranca sin razón,
aniquila sin más
e impone  sin parar.
Lloran, lloran y lloran,
eternamente lloran,
porque sigue
ese animal enfermo,
consumiendo lo que no necesita,
invadiendo lo que cree suyo,
destruyendo lo que le da de comer,
dejando huellas de mierda fétida al pasar.
No asimilan las flores,
qué es la llamada conciencia,
aquella,
a veces sin escrúpulos,
la que no puede deshacerse de lo que inventa,
aquella a la que sólo le importa,
los papeles de colores,
que llenan las bocas de orgullo,
de apariencias, de banalidades, de pura ambición.
Lloran porque hay más inteligencia
en el reino animal,
porque los instintos
en los humanos, están en muchas partes,
muy, demasiado truncados.
Sufren las flores,
y si ellas pudieran, harían huelga,
manifestaciones contra la lacra,
esa lacra que tatúa el planeta,
así, ala, porque todo da igual,
porque ya explotará en otra ocasión.
Padecen y  padecerán,
las flores,
que lloran en los cementerios,
porque no entienden a estos animales,
a los que llaman humanos.