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martes, 8 de septiembre de 2015

Mucho más que acumular basura



A lo mejor era porque  observaba mucho a los perros y los envidiaba por lo que decidió un buen día montar su propia escuela perruna en el Cinosagro (perro blanco) lo que sería a día de hoy un gimnasio, aunque en la Antigua Grecia y en la segunda mitad del siglo IV ac.
No era una escuela donde educar animales, bueno, animales sí, pero no perros.
¿Se levantaría un día Antístenes con sus filosofadas matutinas, pensando en las enseñanzas de su profesor Sócrates y se diría a sí mismo, podríamos ser igual de felices que los perros (kyon) ?
Se pondría manos a la obra y montó así la escuela Cínica (los cínicos son pues unos kyones), la escuela que enseñaría la filosofía del Cinismo, aquella que admiraba la liberación de toda posesión, la oposición a toda norma y convención social. Todo un aprendizaje de cómo llevar una vida plena prescindiendo de todo lo material y saltándose a la torera todo lo que en aquel entonces organizaba una sociedad. El problema era que muchos de los cínicos se quedaban en la teoría y no promulgaban con el ejemplo, por eso a día de hoy un cínico no es una persona austera o sencilla sino una persona que miente con descaro sin ocultarse ni sentir vergüenza.
Uno de los alumnos más famosos de la época fue Diógenes, aquel que hoy por hoy conocemos por acumular basura, aunque él se dedicara más a vagar por las calles y a escribir tratados sobre cómo ser una persona realmente honrada. Hicesias, su padre, era un banquero que se dedicaba a fabricar monedas falsas junto a su hijo (los arqueólogos han encontrado muchas monedas  firmadas con el nombre de Hicesias) aunque se dice que con fines políticos y no por lucro personal. Es por ello que los desterraron a Atenas y así fue como llegó a la escuela de Antístenes.
Diógenes de Sínope (Ciudad de Turquía) era un  filósofo griego muy aunténtico.
Vivió en toneles, comía carne cruda junto a los perros, se acostaba con mujeres en la calle, caminaba con una lámpara durante el día en busca de gente honrada, rechazó el politeísmo, predicaba el ascetismo y dicen que murió intoxicado por comer carne de pulpo cruda cuando fue capturado por unos piratas para ser vendido como esclavo cuando se dirigía a Egina(islas Sarónicas, Grecia).
Se dice que Alejandro Magno quiso conocer al peculiar filósofo que vivía con su jauría de perros. Entabló conversación con el por entonces anciano y le preguntó si podía hacer algo para mejorar su situación. Diógenes le contestó: "Sí apártate que me estás tapando el sol".
Al dueño de Grecia le causó tal admiración que dijo:"De no ser Alejandro, yo habría deseado ser Diógenes".

Me hubiera gustado sentarme junto este hombre para escuchar sus mil y una reflexiones:

"Callando es como se aprende a oír, oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar."
"Gente mucha, personas pocas".

A menudo las palabras esconden significados desconocidos.


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