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domingo, 20 de septiembre de 2015

las orillas no se acaban


Se perdieron los remos de la barca.
El agua entraba poco a poco,
mojaba los pies, las rodillas,
la cintura, el pecho, el cuello.
Se soltó, se dejó, se quiso abandonar, pero,
hubo brazos y piernas,
todavía dispuestos,
animados a moverse.
Músculos que quisieron conducir al resto
hasta la orilla,
aquella que parecía tan lejana,
a la que pensó no volver jamás.
Allí, con los pies temblorosos,
los brazos desgarrados,
las piernas rendidas,
guiadas por un cerebro quizás aburrido,
a lo mejor cansado, despistado, descarriado, desorientado,
puede que perdido,
pero todavía con fuerzas y ganas de seguir,
por algo,
por alguien.
Por seguir dando abrazos,
continuar equivocándose,
por saber que hay mucha energía,
a veces malgastada, otras" biengastada"
por buscar la paz,
esa,
que sólo existe en el corazón,
ese,
que desea
por encima de todo,
seguir amando.

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