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martes, 11 de agosto de 2015

MAR


Porque nos persigue,
navegamos entre oleajes que nos marean,
nos arrastran, nos abruman y envuelven.
La barca de un lado a otro
y nosotros abajo y arriba del agua
sabiendo a sal,
algas,
a carne de humanidad.
Nos ahogamos unos instantes
para reflotar entre densidades que no conocemos.
Rayos, fuerzas inasibles
son amantes que no elegimos.
Los brazos estirados de auxilio
ante un cielo mudo
y los pies inundados,
ya no encuentran tierra firme.
Hay truenos, relámpagos y
los gritos agudos, angustiados
que no encuentran respuesta.
Y el mar en los ojos,
y las olas en las mejillas
y en el alma una grieta,
que desgarra el cordón,
que deshace la pangea.

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