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jueves, 9 de abril de 2015

Margaritas


Papá pincha los cacahuetes con el tenedor.
Su nieta se ríe.
"Son cacahuetes papá", recuerda su hija.
Lleva gafas de sol en la mesa,
sólo contempla sombras chinas
y no sé si disfruta de la censura que
impuso la vida.
Papá habla poco, algunas palabras cada hora
pero siempre con sentido.
Camina despacio con zapatillas caseras.
Papá escucha las voces sin cara
y no sonríe.
Papá, con la derecha
degusta el arroz al horno,
con la izquierda se lleva a la boca
una morcilla envuelta en pan.
Mamá sin embargo habla,
habla sin cesar.
Ella compensa el silencio de papá,
ella es una catarata de frases.
"Melania podía subirse el biquini porque esa tripa no la puede enseñar,
¿qué hará ahora con el tatuaje de Antonio?
Tú tienes tatuajes?" Le pregunta a su nieta.
"En mi época" (.................................................................................................................................)
y así  podría extenderse hasta toparcon un agujero de gusano.
"Acapara la conversación", dice la nieta
con los carrillos llenos de chocolate y pan quemado.
Papá espera sentado, viudo, a que llegue la hora de irse.
Mamá,también viuda, sigue comentando el LECTURAS
con un gruñidito que se escucha cada 10 segundos.
Mamá lleva muleta y no pierde su acento andaluz
que todo taxista reconoce.
"No lo entiendo, cómo lo saben que soy andaluza, si no he dicho NÁ"
Papá se pasea, se sienta y no se quita las gafas.
Mamá no entiende por qué paga tanto de AGUA y LUZ.
Papá le que dice que nos engañan y nos roban.
Mamá tiene un vecino de 80 que le despierta con la radio.
Papá es misterioso, ahorra en sonidos,
acepta la oscuridad, eso creo.
Mamá chismorrea sobre su vecindario,
sobre lo que ocurre en el barrio.
Papá viudo.
Mamá viuda.
Papá calla.
A mamá le sangran los codos.
Las margaritas los contemplan.
Se abren en primavera.
Se cierran en invierno.


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