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lunes, 13 de abril de 2015

Escribimos lo que no hablamos


Existen ciertas calles por las que pasamos,
adrede,
forzando el encuentro y
lo buscado no aparece.
Calles que evitamos,
aunque deseamos frecuentar
para ver una sonrisa,
detrás de una barra,
para al menos, recordar el color de una barba.
Hay calles que rodean el lugar
donde le esperaba por las noches.
Recorridos sobre ruedas,
junto a un perro y
una chaqueta verde,
con gafas o lentillas.
Calles mojadas,
secas,
calles de esperanza,
en las que pensé que estaba a punto,
a punto
de enamorarme.
Calles nocturnas,
con olor a buñuelo,
calles que nos conducían a los parques,
donde una pelota babosa volaba por los aires,
donde las columnas eran conquistadas
por acrobacias caninas.
Calles "engrafitadas"
donde nos besamos por primera vez.
Calles donde se escondía para moldear el papel,
asfaltos donde me tocó las nalgas mientras
no cesaba de hablar.
Calles por las que rodamos sin sentido y
por las que buscamos heladerías.
Calles desconocidas
que nos podrían haber conducido
a lugares donde querríamos estar.
Calles cortadas,
callejones por los que no pudimos avanzar.
Calles admirables, otras no tanto,
intensas, desconocidas, inesperadas,
graciosas, vacías o abarrotadas,
sordas, mudas y excitantes.
calles cortas que no pudimos alargar.
Calles que me siguen enseñando,
Calles  que nos esperan,
a cada uno de nosotros,
de brazos abiertos,
para que nos sigamos dando la mano.

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