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jueves, 23 de abril de 2015

Chocolate de algarroba en Madrid


He ido a menudo a comer sola a los restaurantes, sobre todo a los vegetarianos, es un placer que disfruto junto a los pensamientos que rondan en mi cabeza mientras saboreo y observo a la gente. Pero siempre al mediodía, nunca se me ocurrió ir sola a cenar. No sé por qué extraña razón no me resulta raro ni triste ir sola a esas horas. Sin embargo la noche me incomoda, estaría más preocupada por lo que pudieran pensar los de las mesas de alrededor. Una sensación de ridiculez y extravagancia me recorrería el cuerpo, aunque lo ridículo es sentirse un bicho raro cuando en realidad no hay motivos para ello.
El caso es que nunca lo he probado pero un día tengo que hacerlo, a lo mejor me miran intrigados o simplemente ni se inmutan.
Sea de día o de noche lo bueno es poder perderse entre pensamientos,entre ideas, sueños, anhelos, deseos y  miedos que vienen de paseo allá donde estemos.
Escuchar siempre la voz que nos acompaña, sin juzgarla, aceptando que forma parte de nuestra existencia, que a veces creemos incompleta, siendo ésta tal y como es,perfecta, aunque nos empeñemos, a menudo, en pensar lo contrario.
Deambulo por las calles de Madrid, eligiendo al azar entre la izquierda y la derecha, descubriendo por sorpresa las calles, las plazas, los bares y mercados, siempre sin plano, guiada por la curiosidad insaciable de querer engullir una ciudad que desconozco por completo. Con la mirada de un niño embobado que observa las cosas por primera vez. Seguro que se nota que no soy de aquí porque la cabeza gira en todas direcciones para fotografiar mentalmente las fachadas, las avenidas, parques y monumentos.
Perpendicular a la calle Huertas está la calle Amor de Dios, aunque yo no comparto este sentimiento, respeto el nombre escogido y giro por la susodicha porque he visto que hay un restaurante macrobiótico. Aunque yo ahora ya no sigo a rajatabla esta manera de comer, reconozco que ha dejado un poso importante en mis hábitos alimenticios y estoy contenta por ello.
Me siento a la mesa, observo, hay otra mujer sola a mi lado. Siempre hay gente sola, pero siempre mucha más al mediodía.
Sopa de miso, ensalada, plato con legumbres, calabaza y una mezcla de arroz rojo con integral espolvoreado con el famoso gomasio.
Y llega el postre. Y es por él por quien escribo todo esto, porque hasta ese día no había sido tan consciente de cómo se persiguen los pensamientos cuando uno come el dulce final que le conquista.
Y a lo mejor un bizcocho de chocolate de algarroba no os parece lo más maravilloso del mundo, pero no sé qué sucedió. Mi cuerpo entró en simbiosis con las papilas y el cerebro, así que cuando acabo abro la libreta y escribo sin poder evitarlo:

Así me como un postre sola y como no puedo vociferar, me escucho mientras como:

Primera cucharada:

Ummmmmmmmm ¡qué rico! que no se acabe.

Segunda:

Ummmmmmmmm ¡qué bueno! por favor, que no se termine, que no se termine, ummmmmm

Tercera:
Buenísimo, buenísimo ¡qué sabor, qué textura, qué delicia! se está acabando, no quiero, noooooo.

Cuarta:
¡Qué poco queda! Tengo que disfrutarlo al máximo, ralentizar el momento, más despacio Cynthia, que hay muy poquito, ¡qué pena! ummmmm qué sabroso!

Quinta:
Se acaba, se acaba, se está acabando, llega a su fin, quiero recordarlo, retenerlo, repetir, ya no hay más, voy a rebañar con el dedo, ahora que no me ve nadie, y porque no puedo chupar el plato que sino...... qué bueno estaba, qué a gusto me he quedado, me ha encantado.


Postre aderezado con palabras. Silencio, buen compañero de viaje.

Pues eso era, ya os contaré más. Espero no haberos aburrido soberanamente. Gracias por llegar hasta aquí.



lunes, 13 de abril de 2015

Escribimos lo que no hablamos


Existen ciertas calles por las que pasamos,
adrede,
forzando el encuentro y
lo buscado no aparece.
Calles que evitamos,
aunque deseamos frecuentar
para ver una sonrisa,
detrás de una barra,
para al menos, recordar el color de una barba.
Hay calles que rodean el lugar
donde le esperaba por las noches.
Recorridos sobre ruedas,
junto a un perro y
una chaqueta verde,
con gafas o lentillas.
Calles mojadas,
secas,
calles de esperanza,
en las que pensé que estaba a punto,
a punto
de enamorarme.
Calles nocturnas,
con olor a buñuelo,
calles que nos conducían a los parques,
donde una pelota babosa volaba por los aires,
donde las columnas eran conquistadas
por acrobacias caninas.
Calles "engrafitadas"
donde nos besamos por primera vez.
Calles donde se escondía para moldear el papel,
asfaltos donde me tocó las nalgas mientras
no cesaba de hablar.
Calles por las que rodamos sin sentido y
por las que buscamos heladerías.
Calles desconocidas
que nos podrían haber conducido
a lugares donde querríamos estar.
Calles cortadas,
callejones por los que no pudimos avanzar.
Calles admirables, otras no tanto,
intensas, desconocidas, inesperadas,
graciosas, vacías o abarrotadas,
sordas, mudas y excitantes.
calles cortas que no pudimos alargar.
Calles que me siguen enseñando,
Calles  que nos esperan,
a cada uno de nosotros,
de brazos abiertos,
para que nos sigamos dando la mano.

jueves, 9 de abril de 2015

Margaritas


Papá pincha los cacahuetes con el tenedor.
Su nieta se ríe.
"Son cacahuetes papá", recuerda su hija.
Lleva gafas de sol en la mesa,
sólo contempla sombras chinas
y no sé si disfruta de la censura que
impuso la vida.
Papá habla poco, algunas palabras cada hora
pero siempre con sentido.
Camina despacio con zapatillas caseras.
Papá escucha las voces sin cara
y no sonríe.
Papá, con la derecha
degusta el arroz al horno,
con la izquierda se lleva a la boca
una morcilla envuelta en pan.
Mamá sin embargo habla,
habla sin cesar.
Ella compensa el silencio de papá,
ella es una catarata de frases.
"Melania podía subirse el biquini porque esa tripa no la puede enseñar,
¿qué hará ahora con el tatuaje de Antonio?
Tú tienes tatuajes?" Le pregunta a su nieta.
"En mi época" (.................................................................................................................................)
y así  podría extenderse hasta toparcon un agujero de gusano.
"Acapara la conversación", dice la nieta
con los carrillos llenos de chocolate y pan quemado.
Papá espera sentado, viudo, a que llegue la hora de irse.
Mamá,también viuda, sigue comentando el LECTURAS
con un gruñidito que se escucha cada 10 segundos.
Mamá lleva muleta y no pierde su acento andaluz
que todo taxista reconoce.
"No lo entiendo, cómo lo saben que soy andaluza, si no he dicho NÁ"
Papá se pasea, se sienta y no se quita las gafas.
Mamá no entiende por qué paga tanto de AGUA y LUZ.
Papá le que dice que nos engañan y nos roban.
Mamá tiene un vecino de 80 que le despierta con la radio.
Papá es misterioso, ahorra en sonidos,
acepta la oscuridad, eso creo.
Mamá chismorrea sobre su vecindario,
sobre lo que ocurre en el barrio.
Papá viudo.
Mamá viuda.
Papá calla.
A mamá le sangran los codos.
Las margaritas los contemplan.
Se abren en primavera.
Se cierran en invierno.


miércoles, 8 de abril de 2015

LA O, la A



Digo Hola, Hola, Hola y Hola.
Olas de Holas que vienen, rompen, mueren
para volver a nacer.
Oh la-la mon dieu!! encore une fois: "Hola"
La O, redonda, que cierra.
La A, de puertas abiertas.
La OH que exclama,
La-la, que canta y se queja en francés.
ALoHa  polinesio:
Belleza
Paz
Disfrute,
cura el espíritu y el cuerpo.
Hola de día,
Hola de tarde,
Hola de noche,
Hola  de todos los minutos.
"HOLA"
hasta que se me esguince la lengua,
se me licuen los huesos
se me enreden las cuerdas vocales
y mi cerebro se "ahume" o fermente a la Noruega.
Hola porque sí,
Holas para todos los públicos,
para todas las edades.
Hola curativo que "abdominola" las mejillas
y tonifica las comisuras.
Hola educativo,
instructivo,
cautivador,
acogedor,
y hambriento.
Hola de aperitivo,
de tentempié,
Hola al mundo,
Bienvenido sea el hola novedoso
el de las ganas y entusiasmo,
el hola de ansias insaciables de oleaje.
Hola a la vida,
hola a la duda,
a la respuesta
al sentimiento,
hola, hola, hola, hola,
por siempre
OLAS








lunes, 6 de abril de 2015

Manifestaos

Decidme si vosotros le abristéis alguna vez la puerta
a  ese que llamamos Aburrimiento.
Decidme si se sentó a cenar
Resignación, Aceptación y Arrepentimiento, 
todos bien peinados y listos a decidir el menú.
Decidme si las listas se hicieron interminables
y Culpabilidad serpenteaba hasta alcanzar vuestro cuello.
Decidme si Tiempo adelantaba a la luz 
y teníais latidos en la boca.
Decidme si llorastéis delante de una panadería, 
en el parque o removistéis la cabeza para buscarlo,
para buscarla.
Decidme si Limón se tumbó en las papilas, 
si Toalla se suicidó desde un quinto y
Sueño dejó de susurraros.
Decidme si Búsqueda sudaba 
si Frustración os soltaba la mano
y Pena sonreía esperanzada.
Decidme, por favor decidme
si Corazón paseaba por la orilla del mar 
y Soledad exprimía lagrimales.
Decidme, decidme, decidme 
que hay Arribas, 
que hay Abajos, 
que hay abandonos y reencuentros, 
que hay quienes se llaman Pletóricos.
Decidme que no se acaba
el crecimiento
que Originalidad no está desterrada
y Absurdo y Humor 
son el oxígeno que nos mantiene vivos.
Decidme que Curiosidad no envejece, 
que Ilusión no es sólo un niño de 5 años.
Decidme que ciertos vicios desaparecen
y que Libertad nos traspasa el alma.
Decidme que no hay zoológicos, 
y que el sol no quema.
Decidme que Codicia y Envidia 
son arrasadas por Vendaval.
Decidme, decidme que no dejaremos 
de amar, 
de amarnos.