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viernes, 23 de enero de 2015

Pedos, parchís, un día completo

Se tiró un pedo delante de una urna que contenía, un biberón de vidrio y una diminuta tumba en la que yacía un pequeño esqueleto de un bebé  de la época romana. 
Aquella escena “tetricómica” nos despertó la risa más absurda en aquel museo al lado del castillo saguntino. 
Nos preguntamos si algún día alguien vendría a petar cerca de nuestro lecho de muerte o cenizas.

“Yo me cago en la muerte” se le ocurrió decir al gaseoso y las carcajadas continuaron delante de los huesitos que no medían  ni 70 centímetros.

Seremos alimento para la tierra,

todo es más sencillo de lo que creemos o nos hacen creer. 





Mi abuela siempre ganaba al parchís, SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE y eso como comprenderéis nos enfadaba MUCHO, MUCHO, MUCHO.
Hoy, mientras movía el cubilete en frente de un pequeño calefactor junto a dos personas muy agradables, me acordaba del faldón de la mesa del comedor con el que nos tapábamos las piernas en invierno, de su sonrisa, de sus uñas impecables, de sus chillidos de emoción cuando contaba 20, 10 para meter todas las fichas en casa y la cara  de pánfilos que se nos ponía a mi abuelo y a mí.
Hoy, he vuelto a la infancia mientras el tablero recogía el entusiasmo, las risas y la tensión de los que lo rodeábamos. 
Hoy he recordado que las cosas más sencillas nos alimentan el alma.
Compartir, simplemente.

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