blog sindria

miércoles, 21 de enero de 2015

oh dios!

Odio el papel seco en la boca .
Odio la vida tanto como soy capaz de amarla.
Odio las amarras que atan a la insoportable impotencia de respirar y pensar, las cadenas que  inmovilizan a este único cuerpo que no encuentra paz con los ojos abiertos.
Odio anhelar, esperar y añorar lo que no existe.
Odio odiarme con toda la odiosa rabia del mundo.
Odio que el paraguas se gire con el viento.
Odio la pereza que hunde en la horizontal.
Odio las comparaciones que están al compás del día.
Odio pensar que en otro lugar, con otro trabajo y otra gente sería más feliz.
Odio querer alcanzar cimas que producen cismas en el corazón.
Odio creer que el tiempo es un besugo que resbala entre las palmas de las manos.
Odio comer por comer y a pesar de odiarlo soy  fan de la contradicción.
Odio la inutilidad de mis días vacíos, “desabrazados”, desnudos, solitarios y banales.
Odio la  larga impaciencia y las lágrimas que duermen  en un pozo maloliente.
Odio las exigencias que construyen el espejismo de la perfección.
Odio la culpabilidad que nos caza entre sus redes.
Odio que haga más frío dentro de casa que fuera.
Odio salir por salir, hablar por hablar e idealizar siempre idealizar…
Odio aburrirme en colectividad.
Odio la ansiedad, la dispersión, el miedo y la omnipresente inseguridad.
Odio odiar,
odio, odio, odio,
 porque vivo,
siento,
amo y

 odio.

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