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domingo, 18 de enero de 2015

A dormir

Los pelitos se ponen de puntillas cuando escuchan las palabras arrastrarse en el balcón de mi oreja. Nuestros cuerpos se enredan como espaguetis en salsa boloñesa mientras tejen un macramé inexplicable.
Yo sólo quería dormir agarrada a un cuerpo, aunque no supiera nada de él, dormir para abrasarme, aunque ni siquiera supiese la edad ni el nombre, para saber que la respiración calaba en mis huesos, deshaciéndolos.
Juro que sólo deseaba cerrar los ojos sin las manos  vacías.
Pero inevitablemente las expectativas de mi pequeño deseo se desbordaron desorbitadamente.
Yo no sólo dormí con sus pies buscando los míos, y su sexo recostado en mis nalgas.
Navegué, despegué y aterricé, transgredí, me trastorné, rejuvenecí y olvidé.
Solté, derramé, entregué, deshice, hicimos, aprendí.
Yo sólo quería dormir entre brazos, pero subió la marea y me atrapó.
Yo dormí, después de querer dormir abrazada, con los labios levantados,
el pelo muy alborotado y sin medias de color.



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