blog sindria

martes, 27 de enero de 2015

COMPAÑÍA

Hay en casa una mujer con bigotes que se come las hojas de mi libreta.
Que cada mañana, a la misma hora realiza el mismo ritual para despertarme.
Que pega zarpazos en cuanto me despisto y ronronea en noches de insomnio.
Una mujerzuela vestida de pantera que se tiró de un cuarto piso para que cuatro bomberos vinieran a rescatarla. Su dueña hubiese deseado ser ella para estar entre los brazos de uno de ellos llamado Abel.
Una bebé peluda, que no sabe maullar y que me reclama cuando escucha la puerta del patio.
Una sombra enganchada a mis pasos que busca el calor de una mano,un brazo o estómago.
Un cuadrúpedo que baila Celia Cruz en un comedor sin cortinas ni calefacción.
Un mamífero silencioso a quien confieso mis anhelos y alegrías.
Una reinita a quien regaño,sin saber regañar cuando escala por las estanterías.
Un peluche con ojos de canicas que mueve las orejas cuando le canto Jorge Drexler.
Una estufita natural que calienta el corazón soltero.
Un personajillo que no va a la peluquería, no se depila ni se prueba mil modelitos antes de una cita.
Un animalillo que no necesita dos DESPERADOS para confesarle a alguien que quisiera repetir.

lunes, 26 de enero de 2015

POR Y PARA SIEMPRE

Que no pare nunca LA MÚSICA
Las PALABRAS encadenadas siempre a punto de disparar
Los BAILES de piel de gallina
Las OBRAS en las tablas con telones
La PINTURA que dilata las pupilas
Las ESCULTURAS que dan forma al sentimiento
La FOTOGRAFÍA que nos aleja de nuestra realidad
Las ACROBACIAS, CONTORSIONES y MALABARES que desafían los límites ficticios
La ARQUITECTURA de bocas abiertas
El HUMOR que nos devuelve la infancia
El DEPORTE que nos droga la sonrisa
Los BESOS que alimentan las raíces
Que no pare nunca la IDEA, la TRANSFORMACIÓN,
la DUDA y el CUESTIONAMIENTO.
Que vivan los que embellecen el entorno
los que nos TRASLADAN, REMUEVEN
y hacen olvidar o recordar.

viernes, 23 de enero de 2015

Pedos, parchís, un día completo

Se tiró un pedo delante de una urna que contenía, un biberón de vidrio y una diminuta tumba en la que yacía un pequeño esqueleto de un bebé  de la época romana. 
Aquella escena “tetricómica” nos despertó la risa más absurda en aquel museo al lado del castillo saguntino. 
Nos preguntamos si algún día alguien vendría a petar cerca de nuestro lecho de muerte o cenizas.

“Yo me cago en la muerte” se le ocurrió decir al gaseoso y las carcajadas continuaron delante de los huesitos que no medían  ni 70 centímetros.

Seremos alimento para la tierra,

todo es más sencillo de lo que creemos o nos hacen creer. 





Mi abuela siempre ganaba al parchís, SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE y eso como comprenderéis nos enfadaba MUCHO, MUCHO, MUCHO.
Hoy, mientras movía el cubilete en frente de un pequeño calefactor junto a dos personas muy agradables, me acordaba del faldón de la mesa del comedor con el que nos tapábamos las piernas en invierno, de su sonrisa, de sus uñas impecables, de sus chillidos de emoción cuando contaba 20, 10 para meter todas las fichas en casa y la cara  de pánfilos que se nos ponía a mi abuelo y a mí.
Hoy, he vuelto a la infancia mientras el tablero recogía el entusiasmo, las risas y la tensión de los que lo rodeábamos. 
Hoy he recordado que las cosas más sencillas nos alimentan el alma.
Compartir, simplemente.

miércoles, 21 de enero de 2015

oh dios!

Odio el papel seco en la boca .
Odio la vida tanto como soy capaz de amarla.
Odio las amarras que atan a la insoportable impotencia de respirar y pensar, las cadenas que  inmovilizan a este único cuerpo que no encuentra paz con los ojos abiertos.
Odio anhelar, esperar y añorar lo que no existe.
Odio odiarme con toda la odiosa rabia del mundo.
Odio que el paraguas se gire con el viento.
Odio la pereza que hunde en la horizontal.
Odio las comparaciones que están al compás del día.
Odio pensar que en otro lugar, con otro trabajo y otra gente sería más feliz.
Odio querer alcanzar cimas que producen cismas en el corazón.
Odio creer que el tiempo es un besugo que resbala entre las palmas de las manos.
Odio comer por comer y a pesar de odiarlo soy  fan de la contradicción.
Odio la inutilidad de mis días vacíos, “desabrazados”, desnudos, solitarios y banales.
Odio la  larga impaciencia y las lágrimas que duermen  en un pozo maloliente.
Odio las exigencias que construyen el espejismo de la perfección.
Odio la culpabilidad que nos caza entre sus redes.
Odio que haga más frío dentro de casa que fuera.
Odio salir por salir, hablar por hablar e idealizar siempre idealizar…
Odio aburrirme en colectividad.
Odio la ansiedad, la dispersión, el miedo y la omnipresente inseguridad.
Odio odiar,
odio, odio, odio,
 porque vivo,
siento,
amo y

 odio.

domingo, 18 de enero de 2015

A dormir

Los pelitos se ponen de puntillas cuando escuchan las palabras arrastrarse en el balcón de mi oreja. Nuestros cuerpos se enredan como espaguetis en salsa boloñesa mientras tejen un macramé inexplicable.
Yo sólo quería dormir agarrada a un cuerpo, aunque no supiera nada de él, dormir para abrasarme, aunque ni siquiera supiese la edad ni el nombre, para saber que la respiración calaba en mis huesos, deshaciéndolos.
Juro que sólo deseaba cerrar los ojos sin las manos  vacías.
Pero inevitablemente las expectativas de mi pequeño deseo se desbordaron desorbitadamente.
Yo no sólo dormí con sus pies buscando los míos, y su sexo recostado en mis nalgas.
Navegué, despegué y aterricé, transgredí, me trastorné, rejuvenecí y olvidé.
Solté, derramé, entregué, deshice, hicimos, aprendí.
Yo sólo quería dormir entre brazos, pero subió la marea y me atrapó.
Yo dormí, después de querer dormir abrazada, con los labios levantados,
el pelo muy alborotado y sin medias de color.



A muy poca honra

El bosque de sílabas, frases y páginas vivas, tiembla.
Hay un fuego diabólico dispuesto a enfermar los significados que dan sentido a la vida.
Palabras de hojas muertas se desprenden para caer y pudrirse en el olvido forzado.
Los rayos hacen añicos los valores compuestos con el sudor de la indignación y la reflexión.
Se ahogan los pájaros que bailaban en las ramas y el pavo real,
ya no despliega sus plumas como antes.
Las ranas ya no croan como solían hacerlo.
Los elefantes, muy resfriados, pierden la memoria.
Las plumas se atascan en el fango más espeso y se hunden, y se pierden y se callan.
Los perros huyen de sus amos, se han dado cuenta de qué sucede.
Los gusanos,en huelga, se niegan a comer carnes de muertes injustas.

martes, 6 de enero de 2015

Huyendo?

Huimos, todos, de todo, con todo.
Con cada segundo, cada droga, cada orgasmo, cada palabra, cada pasatiempo, cada lágrima.
Huimos de la soledad, del miedo a ser descubiertos, de desnudarnos ante propios y ajenos juicios.
Escapamos del aburrimiento, de la esencia, de la idiosincrasia que nos acompaña en este viaje.
Ocupamos el espacio, juntos, con sonidos a veces inútiles,
Agarramos la rutina por el cuello sin jamás estrangularla y ciertos amaneceres con un avasallador resquemor por no nombrar la rabia y el odio.
Escribimos, comemos, pintamos y exorcisamos ansiedades con el movimiento de las neuronas, con el balanceo de nuestro cuerpo.
A veces tan sólo son disfraces que escogemos para pasar un día, pero podría ser siempre carnaval.
Trabajamos porque ingerimos, dormimos, nos reproducimos y amamos.
Aderezamos la vida con las historias que nos atrevemos a vivir, abriendo y cerrando las puertas del cielo y del infierno.
Mantenemos el cariño por las personas que comparten nuestro pasado y con las que seguimos construyendo el presente para recordarlo de nuevo con risueña nostalgia.
Abrazamos a los gatos, los perros y cualquier especie que en silencio nos acompaña en esta marea de preguntas por responder.
Se van muriendo los que quisimos mucho para seguir abonando con sus huesos las profundidades del planeta, tan lleno de vida, tan repleto de almas que perdieron un esqueleto y una carne.
Con ellos, una parte de nuestra entraña se arranca y se instala el parche del recuerdo, que todavía los mantiene latiendo en nuestro existir.
Discutimos para reconciliarnos, para no llegar a ningún puerto, para imponernos, reafirmarnos, porque la susceptibilidad y fragilidad nos engañan.
Ensuciamos, y ojalá pudiéramos limpiar y ordenarlo todo de nuevo sin el menor rastro,
Nos mantenemos en nuestros 13, aunque tengamos 30, 40, 50 o 90.
Seguimos soñando mientras paseamos por los parques, mientras estamos en lugares en los que no querríamos estar.
Abrazados o no necesitamos que siga existiendo complicidad, páginas y besos encendidos.
Buscamos una paz, que afortunadamente,aquí, no existe.

CON..............

Constato que soy consciente y completamente inconstante en esta condición humana.
Condicionada por otras conciencias conectadas a ciertas contorsiones cuyo contorno indefinido crea complejas controversias.
Controlados por el consorcio que conserva la compenetración para congelar las ideas y los corazones.
Considerando así la falta de respeto hacia la libertad.
Contándonos cuentos convexos, cóncavos y conmemorables hasta conciliar un inconsciente colectivo contradictorio.
¡La concha! ¿Tanta contextualizada confabulación histórico-política nos toca concebir?
Compañeros y compañeras abogaría por un consenso de sencilla y preciosa simplicidad.
Un regreso a lo mejor del conocido pasado condimentado con lo mejor del futuro que está por concretar.
¡Conchavémosnos para calmar los continentes llenos de confusos contenidos!
Cantemos al amor condensado, concentrándonos en convertir lo complicado en puentes consistentes.
Condenando las sinfonías que enloquecen los cerebros.
Compartiendo la composición simbiótica de la tierra y la vida.
Escuchando las conferencias de los árboles confidentes que nos hacen confiar de nuevo en la humanidad.