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jueves, 11 de diciembre de 2014

Incoherentemente contradictoria

Confieso, quiero hacerlo, lo necesito,
aunque las palabras,
y las ideas que derivan de ellas,
no me exculpen, me liberen de la mala conciencia
que a veces me aflige.
Confieso que mis manos contribuyen
a la explotación de otros,
que mis actos no siempre afinan con mis opiniones
y que por ello,
la contradicción,
mancha la tierra de incoherencia emborrachada
de consumo,
entre otras cosas.
Confieso que no lucho por la injusticia
que mi humanidad no está comprometida
y mis preocupaciones son inmensamente
estúpidas
al lado de las historias bañadas en lágrimas
que desgarran el alma.
Confieso que podría GRITAR, BOICOTEAR, RECRIMINAR, DENUNCIAR y
PELEAR contra los engaños y la manipulación.
Podría y podríamos dejar de comprar la obsolescencia
y adelgazar las nalgas de los que más tienen.
Pero confieso que no es fácil,
que todos a UNA es complicado
aunque exista la huelga, la protesta
la conciencia colectiva, pero también
EL MIEDO, el conformismo, la resignación, la frustración
y la impotencia de un mundo que no aprende a pesar de los siglos.
Confieso que deberíamos cambiar, quizás,
según Serge Latouche,
DECrecer.
Confieso, deseo,
que un día,
no existan historias trágicas,
ni dramas irreparables,
ni muertes inconcebibles,
ni traumas inexplicables,
ni hambres imparables,
ni abusos aberrantes,
ni corrupciones abominables,
ni leyes de circo,
ni mentiras camufladas,
ni hilos invisibles,
movidos por la repugnante y vomitiva
AMBICIÓN.
Confieso que he acabado desahogándome con la red,
sola, desde casa,
con este pensamiento fugaz,
este ridículo grano de arena,
con el único movimiento de los dedos sobre un teclado.








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