blog sindria

sábado, 20 de septiembre de 2014

También os pasa?



Y no sé si nos hacemos adultos cuando dejamos de soñar y la imaginación se convierte en una vieja amiga con la que jamás volveremos a hablar.
Y no sé si es cuando la vida por momentos es aburrida, inevitablemente triste y todo el sentido se evapora y nunca, nunca llueve.
Y no sé  si es cuando las lágrimas secas como las piedras se vuelven agujas que atraviesan la garganta y aterrizan punzándonos el estómago.
No sé si es cuando blindamos el corazón para que nadie pueda quebrarlo de nuevo.
Y  no sé si es cuando los recuerdos nos vendan los ojos y dan de comer a la gigante melancolía y la inmensa nostalgia.
Y no sé si es cuando aceptamos que hay etapas irreversibles, días y noches canosas que se alejan entre la duda y el abandono.
Y no sé si es cuando la novedad es increíblemente corta y la energía se aletarga ante la realidad de los límites.
Y no sé si es cuando el enamoramiento se acorta, se racionaliza y se olvida para no caminar sobre brasas.
Y no sé si es cuando el pesimismo se abalanza y nos convierte en verdaderos egoistas que olvidan que lo tienen todo para ser felices.
Y no sé si es cuando se enfrenta el conformismo y la constante búsqueda de no se sabe qué tipo de realización.
Y no sé si es cuando ya no se pide consejo, o las penas, siempre las mismas penas, nos aburren soberanamente el alma.
Y no sé si es el momento en el que uno se plantea que debería dejar los vicios atrás, aquellos que le destruyen y le amargan a uno la sonrisa.
Y no sé si es aceptar que nadie vendrá a salvarnos y que se acabaron los miel pops y los smacks antes de subir al autobús.
Y no sé si es cuando el sedentarismo planta la bandera sobre el espíritu nómada.
Y no sé si es cuando la pereza estrangula al esfuerzo y el cerebro se adormece ante las imágenes fabricadas que pretenden consolar todo lo que a menudo anhelamos.
Y no sé si es cuando tiramos las toallas para rendirnos ante los pies de la debilidad humana.
Y no sé si es cuando aceptemos que la soledad está en todas las esquinas, en todas las manzanas y todas las cuadras.
Y no sé si es cuando no deseamos abrir de nuevo los brazos a un desconocido para que se convierta en el cirujano de nuestra intimidad.
Y no sé si también os sucede.
Y no sé,
 no sé nada de nada porque la brújula gira tan descontrolada que marea las ideas que baialn entre la niebla.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Blanca nieve


Esquibrir, así lo decía, no había manera de que lo pronunciase correctamente.
Lo repetíamos juntos, una y otra vez, "ESQUIBRIR NO, escribir, ES-CRI- BIR, ES CRI CRI CRI BIR". Pero Uriel, con su pancheta regordeta de comer facturas y galletitas saladas volvía a decir: ESQUIBRIR, aunque aquella manera de pronunciar fuera mucho más complicada que repetir la palabra original.
Se ponía serio y nos miraba sin pestañear, se preparaba como si estuviese a punto de lanzarse de cabeza a la piscina, pero de su boca volvía a brotar la flor ESQUIBRIR. Y cuando ya lo habíamos intentado todo, se escuchaba la voz de su madre al otro lado de la reja: URIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII, THIAGOOOOOOOOO, a casaaaaaa, salían corriendo los dos hermanos, normalmente llenos de tierra o barro y sin camiseta, porque había estallado la primavera en la provincia de Buenos Aires.
Tuve que ir hasta la Matanza para descubrir que escribir es casi como esquiar.
Posicionarse sobre la pista blanca e impoluta, tomar la inclinación adecuada y lanzarse, a veces sin pensar, embalándose, otras frenando para ir avanzando sobre el espacio vacío. Dejar alguna huella, con sentido o sin él, necesaria o completamente inútil.
Descender, descansar para desmelenarse de nuevo desmenuzando las ideas que pasean en las carreteras del cerebro.

ESQUIBIRIR sin chocarnos o estamparnos con nadie, esquivando la inseguridad de no dar el paso a la pendiente inmaculada que se presenta ante nuestra mirada.
ESQUIBRIR para disfrutar del camino, para salir de los hoyos y socavones, para levantar el cuerpo hacia un nuevo esfuerzo, hacia un recién nacido reto.
ESQUIBRIR para saber que el equilibrio se encuentra rodando sobre las pistas de la vida.