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miércoles, 30 de julio de 2014

Nada como.....


Nada como repelar la olla con el dedo, y lamer el plato con la lengua.
Pasear de madrugada por las calles desiertas y escuchar los cantos emborrachados que olvidan su identidad.
Mirar, mirarla en el cielo hasta desear columpiarse agarrada a su luz hipnotizante.
Nada como dormir en casa  de una amiga que hace sentirte de nuevo nieta adoptiva de su mirada y sus palabras.
Escuchar flamenco en una tienda llena de ropa de marca y leer a Angel Gonzalez.
Hablar del sentido de la vida mientras en las pantallas de los bares retransmiten Argentina-Alemania.
Tumbarse en la toalla, encima del colchón arenoso y sentir cómo nos invade la babilla después de abrir los ojos.
Abrazar, mucho, siempre, para dar lo que llevamos dentro, para recibir lo que nos regalan
para apaciguar la tristeza, la rabia y el rencor, para decir lo que no pueden contar las palabras.
Nada como las casualidades inesperadas y las coincidencias deseadas.
Dormir entre capas de piel que se erizan y sudan.
Escuchar las discusiones y  sonrisas en  almacenes con cucarachas que huyen de las trampas e insecticidas.
Vibrar detrás de un mostrador que graba miradas que tienden tarjetas que pagan objetos que ojalá sean devueltos para volver a temblar.
Abrir un ojo para saber que podemos volver a cerrarlo.
Cubrirse con la sábana porque dieron tregua los grados veraniegos.
Mordisquear la carne que nos habla.
Escuchar a Jamie Cullum y bailar encima de una silla.
Cerrar las puertas del balcón para que los vecinos no sean partícipes de nuestra película juntos.
Cenar los amores y desamores entre tapas de alegría y bocadillos de carcajadas presentes.
Acurrucarnos sin tener nada que decir.
Pisar las piedras mojadas, ,brillantes.
Jugar a las canicas, lanzar una peonza y ver morir su baile.
Apagar las luces para buscarnos y encontrarnos muy suavemente.
Pedirnos matrimonio espontáneo porque tenemos 6 años.
Enterrar las penas en un papel, en un bosque donde hubo trincheras y saltar, saltar, saltar para desprendernos de los" pesa-mientos".
Amanecer sin haber dormido porque somos ladrones de caricias.
Beber con dos pajitas del mismo vaso gigante.
Acorralar las nalgas contra el musgo húmedo que se calienta con los gemidos.
Correr bajo la tormenta sin huir de ella.
Balancear las manos entrelazadas.
Ver cómo se les inflan las papadas a las ranas verdes fluorescentes y se posan inmóviles las mariposas de alas transparentes delante de una catarata argentina llamada Garganta del Diablo.
Nada como estar rodeado de luciérnagas en un pequeño campo lleno de espinacas, maíz, lechugas y un lago en un lugar de la provinvia de Buenos Aires llamado Isidro Casanova.
Dormir en un colchón que se deshincha a las cinco de la madrugada y llorar de la risa.
Observar a un perro copular con un gato sobre el tejado de una casa.
Amar el error como a nuestro mejor amigo.
Mancharse la boca con salsa y socarrat de calçots.
Descubrir melodías y letras que nos transportan sin dinero.  
Conducir el coche sobre una acera cuando no hay peatones.
Abrir los párpados, abrirlos más, sujetarlos con los dedos y comernos el mundo,
éste que conocemos.



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