blog sindria

jueves, 2 de enero de 2014

Palabras radiófonicas, La calle de resaca, Qué bello es vivir


PALABRAS RADIOFÓNICAS

Me declaré en la radio.
Se acercaba el verano, era el año 2000,
todavía no tenía móvil,
el de mi padre era un motoroladrillo,
le envié un mensaje y suerte que
estaba solo en su siempre abarrotado piso de estudiante.
Estaba sentada en la cama,
con las piernas cruzadas y
de la mano de mi mejor amiga.
Chillamos de la emoción cuando
el locutor anunció que daría paso
a la canción de "Me gustas Tú" de Manu Chao.
Empezó a leer la carta,
era La Gramola, en M.80.
Nuestras manos se apretaban con los nervios.
Joaquín,
al que con tanta normalidad llamé Ximo,
nombre que en Cantabria no existe,
se quedó algo alucinado.
Eran los primeros años de universidad,
y fue una bonita historia de seis meses.
Recuerdo que el día del ataque
de las torres gemelas,
después de comer un arroz caldoso en casa de mi abuela,
estuvimos juntos, delante del televisor,
observando el horror
y algo enamorados.



LA CALLE DE RESACA

Empieza el año,
y algunos a las 7 de la tarde,
quizás estén bajo los efectos de alguna droga.
Mientras espero en la plaza de la Virgen,
por detrás,
me planta un beso en la mejilla
un tío con aspecto de pijo
que me confunde con una tal Sonia.
Se me sienta al lado,
y empieza una serie de preguntas
que tomo como una broma.
Cierro la libreta, guardo la pluma,
se va.
No es mi tipo,
pero pienso,
voy a a escribir más a menudo en la calle.


QUÉ BELLO ES VIVIR

Qué bueno cuando aprendemos a ir en bicicleta,
todavía me acuerdo de la BH, verde,
de arriba a abajo,
en el pasillo de la entrada del chalet de mis abuelos.
Qué incomparable cuando nuestro cuerpo,
se abandona al sueño,
encima de una toalla,
que está encima del colchón arenoso
que adopta nuestra forma
mientras perdemos el rítmico sonido de las olas
y volvemos a escucharlo de nuevo con la mano llena de babas.
Qué alivio cuando nos quitamos el calcetín
que ahoga desde hace horas nuestro pulgar,
creo,que el día que lo cosamos,
o tiremos, nuestro inconsciente estará curado.
Qué sensación el primer beso,
ese músculo que serpentea, se asoma en nuestra boca
y al que tanto miedo le habíamos tenido.
Qué extraordinario poder reír hasta no poder respirar,
hasta que nos duele la garganta,
hasta que al día siguiente se tienen agujetas
en las mejillas y el abdomen.
Qué calma, el calor de un gato
que ronronea encima de las piernas
y al que no molestamos
aunque nos morimos de ganas de ir a mear.
Qué gracia la abuelita que vendía paquetitos de comida
para las palomas,
qué gracia que vinieran a picotear sin dolor
en la palma de nuestra minúscula mano,
qué pena cuando el paquete se acababa
y el yayo decía que teníamos que volver a casa a comer.
Qué libertad, bailar, bromear y poder ser
con los que nos hacen sentir bien.
Qué alivio un abrazo que acerca los corazones
y relaja nuestra soledad.
Qué tranquilidad no esperar,
anhelar el futuro,
o añorar frustradamente el pasado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario