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lunes, 13 de enero de 2014

Caracolitos en su salsa




Caracolitos en su salsa

Se abrazaban con caparazón,
con la ventosa de sus cuerpos,
con los ojos desorbitados,
alargados,
como antenas para no perder detalle
de la despedida.
Se alejaban, arrastrando la pena
y abrillantando el suelo
con sus babas adolescentes.
Al llegar a casa,
conversaciones teléfonicas,
de auriculares en forma de lapa,
de orejas humeantes,
de ansias de volver a verse.
Dormían,
y se soñaban en camas alejadas.
Caminaban de la mano,
tres metros por encima del suelo,
y la gente los envidiaba flotar,
como el helio
que transforma nuestra voz adulta
en la de niños risueños.
De la mano,
siguiendo las valdosas amarillas,
volando en un afombra,
rozando las nubes,
compartiendo almas que dejaban
de ser desconocidas.




¿Aguien sabe cómo pararlo?

Hip, hip, hip,
y no digo
hurra, hurra, hurra
porque hip, hip, hip,
estoy harta de este, hip, hip, hip,
con el que la frase se entrecorta
hip, hip,hip.
Por favor, que alguien asuste al poema
para hacer desaparecer
los espasmos diafragmasintácticos
que me produce este hip, hip, hip,
este hipopótamo que me está chafando.











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