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jueves, 5 de diciembre de 2013

CARDEDEU


En un pequeño lugar del vallés oriental,
hay un bar llamado Tarambana,
allí bailan
las cervezas del montseny,
los corazones de los que tocan,
las personas que escuchan.
Hay un horno, de los borregos,
sin pelos, los he visto,
en el escaparate.
Hay un café, El Melindro,
que abría y cerraba sin cesar y
la portera,
era morada en forma de vaca.
Hay una tienda de zapatos,
y un yorkshire minúsculo,
que no se vende.
Hay una mansión,
casi siempre deshabitada,
del hijo de Amancio Ortega.
Hay una granja,
VIADER,
y allí,
entre rumiantes,
nació la fórmula secreta
del famoso Cacaolat.
Hay una tienda,
El Gat Cornelius,
donde todos los juguetes,
son de madera.
Hay calles peatonales,
por las que transitaba,
mientras te echaba de menos.
Hay una pareja,
el hombre tatuado,
la mujer uruguaya,
que plantan tomates y lechugas
en la casa heredada de los abuelos y
que me hacen llorar cuando llaman.
Hay un hombre,
de apariencia tímida,
casi de espíritu, y
de grandes palabras.
Hay otra pareja,
una peluquera vasca,
que regala, por generosa,
las horas por los pelos y
su batería/camarero
tiene la misma cara de niño que su hijo,
que inventa caciones.
Hay una mujer
que sirve cocas "amb oli i tomàquet"
en un antiguo casino.
Un místico que
rebusca y remueve su interior
con o sin respuesta.
Hay una camarera,
del Tarambana,
a la que echaron de un colegio
por retallades,
y su novio, que diseña por amor al arte,
sigue buceando en infojobs.
Hay una mujer que cambia de peinado
como de camiseta,
que dice "Bona Nit" a las 9 de la mañana.
Hay una recogedora de bolets
tan profesional,
que podría encontrarlos con los ojos cerrados.
Su novio, mucho más joven,
abandonó Guinea para rehacer su vida
entre los árboles de Llinars del Vallés.
Hay un camarero
que se olvida, durante tres días,
la ropa en la lavadora y
rompe copas con la boca.
Hay un cantante
que colecciona tréboles de cuatro hojas.
Hay algunos que se fueron a León,
dejando vacíos,
otros a Colombia,
a restaurar nuevas almas.
Hay un moreno,
que estampa coches en su propia calle.
Hay una fuente,
la del Om,
donde iba a escribirle poesías,
donde me acompañaba a recoger piedras
que me dio por pintar.








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