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viernes, 15 de noviembre de 2013

Sin una gota de sangre


La plaza empezó a llenarse de gente. Acudía ilusionada, entusiasmada, ávida de presenciar el espectáculo que los distraería de sus preocupaciones diarias. Se apelotonaban, casi ya sin poder respirar, y de sus cuerpos se desprendía un profundo olor a sudor y queso de cabra. Las mujeres cuchicheaban, se ponían de puntillas, impacientes y tenían el corazón agitado. Los hombres, muchos con los brazos cruzados, miraban fijamente el escenario. Se veía algún que otro niño encima de los hombros de sus padres y madres, contentos, con los brazos en alto vociferando: "Que empiece ya, que empiece ya, que empiece ya".
Un perro vagabundo, con las patas muy sucias se paseaba entre la colección de piernas, esperando toparse con algo para abrir el hocico. Una mujer con su bebé en brazos se asomaba desde la ventana.
Y entonces, desde lo alto de aquella tarima de madera apareció ante la multitud el médico Joseph Ignace Guillotin. Se acercó a la tela negra que ocupaba el centro del escenario y destapó orgulloso su gran invento, la guillotina. La gente empezó a aplaudir eufórica y se escuchaba algunas carcajadas nerviosas. Algunos hombres se agarraron de las manos de sus mujeres, algunas mujeres se abrazaron por la cintura. Un anciano le tapó los ojos a su mujer con las manos, ésta, enfurecida, le decía: "¿Qué haces Bernard, no ves que va a empezar?" "Era una broma mujer..."

Guillotin empezó a hablar:
"Buenos días a todos y bienvenidos. Agradezco vuestra presencia porque sin vosotros todo esto no tendría sentido. Me alegra ver que cada vez sois más los que os interesáis y acudís a este tipo de actos, esto demuestra vuestras ganas de aprender y de vivir experiencias verdaderamente gratificantes.
Así que doy por inaugurada la ceremonia morfosintáctica del día de hoy, 17 de agosto de 1768.
En las escaleras, las palabras se disponían en fila. Subió primero -decapito-. Guillotín elevó el travesaño móvil y -decapito- posó su cabeza en el otro travesaño.
"Y vamos allá, un, dos, tres, ZAS", un corte limpio, perfecto.
La cabeza "deca" salió disparada y el cuerpo "pito" fue arrojado entre el público.
"Me ha tocado el DECA, EL DECA, me ha tocado" decía un hombre escuálido. "A mí el pito, tengo el pito", decía una mujer. Después del revuelo, la muchedumbre se calló porque quería conocer el significado de aquella palabra.

"Señoras y señores, dijo el cirujano, deca es 10 y pito es un instrumento muy sonoro, así que -decapito- es un instrumento compuesto de 10 pitos. La gente aplaudió y se escuchó una voz que chillaba, "¡¡¡pues se necesitara una decaboca!!!!".
"Que suba la siguiente palabra", dijo Guillotin.
Y apareció enfrente de la guillotina, -cósmico-.
Joseph, procedió de la misma manera, la cabeza volvió a salir escopetada y el cuerpo arrojado entre aquellas almas hambrientas de sustantivos.

-"Me ha tocado el -COS-, tengo el -COS-, gritaba un parisino.
-"¿Pero no era la cabeza?, preguntaba un catalán.
-Sí, sí, -cos- la cabeza de cósmico.
-AAAHHH, la cabeza de mico, ahora lo entiendo, cuerpo de mono.
-No hombre no, no diga usted bobadas, esto no es catalán, le decía el carpintero.
-¿Entonces qué significa?
-Pues ahora lo explicará.

"Cósmico, señoras y señores son las cosas relacionadas con el universo, lo que está ahí arriba de nosotros. El sol, las estrellas, la luna, y todos los fenómenos que allí suceden y que no podemos ver".

"AAAAAAAAAHHHHHHH", dijeron todos casi al unísono .

Se siguieron despedazando palabras, subió violación,
-viola-ción- y Guillotin explicó que era un instrumento musical más grande que la viola. Subió a continuación asesinatos, -ases-inatos-.
"Son una especie de cartas que se les pone a los recién nacidos en las mangas para que tengan buena suerte".
Y por último subió locura, -LO-CURA-CURA-LO.
"Esta palabra es un sinónimo de médico, porque lo cura todo".

El público estaba colmado de emoción con aquel desfile de letras rodantes, se sentía cada vez un poco más sabio y regresaba a sus casas con el regalo que supone saber el verdadero significado de las palabras.

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