blog sindria

sábado, 9 de noviembre de 2013

Encima


Los ladrillos sepultaron su cuerpo
asfixiado por la ambición
y mientras,
la amalgama de escombros y polvo
penetraba el alma de huesos rotos
solamente, un brazo,
descubierto, ensangrentado pero erguido
y el puño muy cerrado,
pronunció sus últimos silencios.
Era su cuerpo, pero no sus ladrillos.
Era su vida, pero no sus hilos.
Su sufrimiento, la indiferencia de otros.

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