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martes, 5 de noviembre de 2013

Confesiones en la calle


El coche estaba mal aparcado, en una zona de carga y descarga y cuando volvió, una furgoneta que había aparcado justo detrás tenía el culo completamente fuera porque no tenía espacio.
-Perdone le dijo a un hombre que estaba en la acera.
-No si a mí no me tiene que pedir disculpas porque la furgoneta no es mía, yo simplemente estoy esperando a mi mujer a que salga de la piscina.
Y cuando creyó que la conversación había acabado, el hombre se acercó a la ventanilla. Y sin más le dijo
- Sabe, más de cien años estaría con ella. La llevo aquí y allá, la espero, vamos, venimos, le hago de chófer y yo encantado de la vida, y más ahora que estoy jubilado y puedo estar con ella. Cien años, ojalá, pudiera vivirlos tan sólo por estar a su lado, de verdad, porque la quiero,la adoro. Ella diría ahora mismo que soy un abogado de la vieja escuela, un rollero de primera me dice, y tiene razón, ¡cómo me conoce!, nadie me conoce mejor, hasta seguro que sabrá que me he puesto a hablar con alguien en la calle. De verdad que no entiendo esas personas que se separan tan rápido, será que he tenido la suerte de conocer a mi mejor amiga. Ella me pone el programa de Arguiñano para que aprenda a cocinar, pero la verdad es que lo que más me gusta son los chistes porque a mí lo de la cocina no se me da demasiado bien. Cien años, ojalá fuera inmortal, sólo por verla sonreír eternamente.
-¡Qué bonico!, me alegro de que pueda hablar así, que dure, y con la misma intensidad, me ha alegrado usted el día. Encantada de conocerle.

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