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viernes, 22 de noviembre de 2013

Algún día llegará


Grita mi interior, con gigantes altavoces:
un día, así, sin más, sin más remedio,
sin más remedio que aceptar y
no poder evitarlo,
no habrá:
Sueños, árboles, sabores, colores, risas, discusiones, ambición, lágrimas, dolor, pensamientos, ojos, cara, orejas, boca, piernas, brazos, pelo, huesos.
NADA, NADA, NADA.
Por mucho que la repita, interiorice y analice,
no logro entenderla,
esa NADA tan incomprensible, indescriptible, misteriosa, tan inesperada, tan intangible,
tan y tan segura, tan y tan cierta.
Se acabará:
el movimiento, el amor, las ideas, los abrazos, los latidos, los cafés cortados, solos y acompañados, la amistad, los suspiros, la incertidumbre, la duda, la decisión e indecisión, los gemidos, el sexo, los pasteles, las fiestas, la injusticia, la incomprensión, las películas, el arte, el disparate, la ironía, la rabia, el odio, la complicidad, los guiños, el dinero, la opinión, la voz y la infinita enumeración de la vida.
Nos apaga, ella,
tan natural y tan temida.
¡RÁPIDO!
Encendámos los ojos, y, aspirador en mano,
absorbamos cada milésima de segundo,
desnudémonos del hastío,
ella llega, nos vamos,
párpados inertes,
ahora, que todavía están abiertos,
pedaleemos con fuerza aunque
no sepamos siempre hacia dónde nos dirigimos.

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