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sábado, 19 de octubre de 2013

Oda a la Y, presente sobre todo en Sudamérica


El yaacabó es un pájaro de América del Sur que los indios consideran ave de mal agüero.
Éste vivía en un bosque frondoso de yacales, yamaos, yambos, yáquiles y yanillas, todos ellos rodeados de una espesa yabuna(yerba que abunda en las sabanas).
El yaacabó se había enamorado de una preciosa yaguasa de pico rojo a la que también llamaban silbona o pijiji. Un día se armó de valor, tomó un bebida de yuyos que había comprado en una yuyería, se calzó un yelmo en la cabeza y se plantó delante del yabal donde vivía y cuyas flores violáceas ya empezaban a abrirse. La yaguasa, yogui avanzada, estaba practicando yoga y se asustó tanto al verlo que el yeyuno le dio un vuelco. El yaacabó le traía un yogur para invitarla a merendar pero ésta no quiso abrir la puerta. ¡Cuántas veces había escuchado al yeco(cuervo marino), al yeguato (hijo de asno y yegua) , al pequeño yal(pájaro), al yaguré (mofeta) y yacaré (caimán) decir que tuviera cuidado con aquel aparente yoyo! (persona servicial y aduladora).
El yaacabó se marchó como un yanacona derrotado (se dice del indio que estaba al servicio personal de los españoles en algunos países), pero se dijo que su fuerza yang no se apagaría. Al día siguiente trajo lonchas de york y un transistor con música yeyé. La yaguasa que estaba comiendo yuca, sintió un nudo en la yugular, pero su parte yin se colocó bajo el yugo del buen juicio y acabó pensando que quizás no sería la yarará(culebra venenosa) que le habían hecho creer.
Le abrió la puerta y le dijo que estaba preparando unas yemas yuxtapuestas al estilo yanqui. El yaacabó, que no cabía en su asombro, entró al yabal de frutos amarillos y le agradeció la invitación. Le dijo que él era incapaz de causarle yaya (herida cutánea) a alguien pero que los humanos habían inventado durante años falsas leyendas.
Era el día más feliz de su vida y pensó: ya acabó mi soledad.

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