blog sindria

jueves, 12 de septiembre de 2013

¿Qué podemos hacer?

Me visitan,fugaces, como luciérnagas que mueren en semanas, las ideas y sus fantasiosas soluciones. Soy gigante, muy grande, tan inmensa que mi cuerpo sale del planeta, tan omnisciente y omnipresente que soy capaz de verlo todo e incluso de cambiar lo que no me gusta. Allí estoy, delante de aquella pelota de playa, tan redonda, tan hermosa y también tan maltratada.Parece tan liviana y tan tranquila en medio del oscuro océano universal iluminado por las estrellas que dan ganas de abrazarla, de amarla, de agradecerle lo que ha hecho por nosotros y lo que aguanta cada día, cada semana, cada año, cada siglo. No se queja, nadie escucha sus palabras, ni su llanto. Se mantiene en su lugar, fuerte, vigorosa y constante, con toda la riqueza, que nosotros humanos, manchamos y explotamos. Fascinada por esta rica esfera que nos alimenta y por la que pulula la vida y sus historias, me invade la incomprensión de cómo algo tan bello, tan hermoso, tan necesario para que yo ahora mismo esté escribiendo estas palabras, se pueda ignorar, contaminar, insultar, manchar, arrancar, matar, explotar, modificar, controlar, ningunear, rebajar, despreciar y odiar de esta manera. Con este tamaño, y tan al alcance de mi mano veo sus heridas, su desgaste y las sombras que van cubriendo sus paisajes como la nicotina que se instala en los pulmones de los fumadores compulsivos. Huelo a podrido, a rancio, a ácidos, a muerte, a sangre, a químicos, en definitiva al resultado de la ambiciosa manipulación humana. La rabia se despierta y en ese momento soplaría con la fuerza de millones de tornados juntos para barrer del globo a todos aquellos que en nombre del papel numerado hacen y deshacen a su antojo sin conciencia, escrúpulos, sensibilidad, empatía, moral ni respeto. Saldrían todos volando, disparados hasta desaparecer en agujeros negros, o quizás aterrizaran en un planeta en el que sólo crecieran billetes de la tierra y así morirían de inanición. Y a la emoción de este pensamiento le sigue la decepción de un niño que pierde su globo, me desinflo ante la pura ficción evasiva que inventa mi mente. Soy pequeñita, tan sólo mido 1'62, y no puedo echarlos tan fácilmente. Vuelvo a posar los pies en tierra firme y me pregunto desde esta altura, desde este mísero e insignificante punto de vista, qué puedo hacer, qué podemos hacer para acabar con esta sinrazón. Desde aquí, desde mis 162 centímetros, o desde los vuestros, podemos hacer muchas cosas, para no contribuir a este despropósito que supone ir en contra, completamente en contra de la sabia naturaleza. Desde qué comemos, qué y dónde consumimos, qué pensamientos tenemos con respecto a nosotros y los demás, qué sueños, aspiraciones y valores poseemos. Es difícil, nadie dijo que aceptar y reaccionar fuera fácil, pero hay mucho por hacer, aprender y contribuir y todo empieza por amar a la tierra y a los humanos, algo que muchos no están dispuestos a hacer si ello implica prescindir de su sucio papel, acumulado con el egoismo desacerbado que corroe sus venas malolientes. Existen, sí, pero a pesar de todo nademos a contracorriente para tratar a la tierra como se merece.

1 comentario:

  1. Cyn me encanta lo que escribes. No lo dejes... Y ánimo y suerte con todo. Fue un gusto verte de nuevo tras tanto tiempo!! Un besazo desde NY!

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