blog sindria

sábado, 21 de septiembre de 2013

Los tiempos cambian y nosotros con ellos

Paseo por la calle, observando a la gente. Me gusta. A veces es como tener la sensación de estar mirando una película. Imaginas, que en lo alto de algún lugar, camuflada hay una cámara que está enfocando las caras de aburrimiento, de tristeza, cansancio, o puede que grabando las conversaciones de adolescentes que se ríen de cualquier burrada que hayan leído o visto en el móvil. Se detiene en primeros planos de esas personas siempre cabizbajas pendientes de tantas pantallas digitales, que ya compiten con el papel. Sentada al lado de tanta tecnología, a veces me siento anticuada con mi libro de portada, pero no me importa, yo así soy feliz. La cámara sigue su recorrido y capta una nube de humo con perfume a fresa de un cigarro también modernizado y tecnológicamente estudiado para dejar de fumar y , aunque el olor no se capte a través de una pantalla, os puedo asegurar que huele a fresa. Me fascina pensar como cambian las cosas, las modas, los hábitos, las cosas que consumimos y de repente entre este río de pensamientos me viene a la cabeza una imagen que me hace reír. Me imagino que se vuelven a poner de moda las pelucas y el vestuario del siglo 18 y tan fácil como eso, le dibujo al chico que tengo enfrente una de esas en la cabeza, con sus tirabuzones incluidos. Me parto,¿os lo imagináis? Pues sí señoras y señores,vivimos en este mundo y es difícil escapar de lo que se considera masa. Sería bastante extraño que un día saliera a la calle con pantalones de pata de elefante bordados con flores, una cinta en la cabeza, un chaleco de cuero marrón y el símbolo de la paz dibujado en la cara, pero tan lindo poder hacerlo con la libertad del que pone la música del móvil en un vagón a toda pastilla o el que se pone a bailar en la calle sin miedo a ser juzgado. Modas, tendencias, ¡Cómo desearía que me congelaran para poder ver a los habitantes del 4013, si es que todavía existe la tierra. Así somos, unos animalitos en constante evolución hacia no se sabe dónde y ni para qué. Eso sí, sabéis donde acabamos todos, ¿no? en el agujerillo. ¡¡¡Ay!!! Nacemos para ir muriendo y vivir en una determinada época, es esta, la de los sílbidos de los teléfonos, los dedos tecleantes, los videos constantes y las redes de peces sociales sin mar. Ha cambiado, todo cambia, nada permanece. Pero me gusta, porque en ese cambio intentamos ser cada vez más nosotros, ¿ o no?

No hay comentarios:

Publicar un comentario