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lunes, 2 de septiembre de 2013

La orquesta de la paz

Se llamaba Corazón y era director de orquesta. Era muy diferente de todos los directores y directoras que yo había conocido hasta entonces. Primero porque no sabía que alguien pudiese llamarse así. Segundo porque vestía de rojo de los pies a la cabeza. Tercero porque tenía un don muy especial que le hacía viajar muchísimo. Corazón con su batuta era capaz de borrar el sonido de ciertos músicos a los que detestaba. Silenciaba con contundencia a metrallistas, pistolistas, bombistas, torturistas, lapidistas, mutilistas y demás mediocres que se hacían llamar artistas de la violencia y manejaban los instrumentos a su antojo. Su batuta aumentaba las melodías de cantantes, animales, vientos, agua y toda palabra de amor que acariciaba el alma al escucharla. Corazón dirigía la paz del mundo, la dulce armonía que sólo la bondad puede crear. Porque hay sonidos que no deberían existir y sin embargo todavía se escuchan.

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