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jueves, 26 de septiembre de 2013

Gracias a todos

Es muy curioso cuando puedes reírte a carcajadas contigo mismo sin poder parar. Me ha pasado alguna vez, con algún libro(La danza de la realidad de Jodorowsky), o pensando en algo con lo que me había tronchado. Normalmente nos resulta más lógico llorar a solas, a escondidas, regocijándonos en el dolor y protegiéndonos de las miradas ajenas.Sin embargo, reírse solo no es muy habitual, incluso si sucede, uno tiene la sensación de estar un poco loco ya que la alegría se asocia a compartir y la tristeza al aislamiento en la más profunda soledad (aunque no debería de ser así). A pesar de haber pensado durante unos instantes que no estaba bien de la azotea por empezar a partirme delante de dos velas encendidas, es una experiencia muy agradable. Eres feliz, con tu presencia y tus pensamientos. No hace falta nada externo que se sume a ese sentimiento de paz y tranquilidad. Son segundos en los que todo parece encajar: la temperatura, el lugar, la vibración interna que supone aceptarse y aceptar. Sonreír solos, pero saber que otros están presentes aunque no los veamos, que residen y comparten nuestro corazón aunque no lo sepan. Porque es el pensamiento el que nos conecta con la imagen, con el recuerdo, con todo lo que fantaseamos y asociamos a esas personas. A menudo podemos llegar a tener la ilusión de que en ese mismo momento, esas personas que evocamos, están también haciendo lo mismo, y eso nos permite, en cierto modo, sentirnos un poco más unidos, aunque no podamos tocarnos. Puede que sea todo una artimaña cerebral en la que vamos construyendo una esperanza de poder pertenecer al pensamiento de otros pero sé que sea o no, me gusta tener cerca a las personas que tengo lejos aunque sólo sea imaginándolas. Que sepáis, hombres y mujeres que habéis formado parte de mi vida, o tan sólo la habéis iluminado como una estrella fugaz en el momento menos esperado, aquí,en este rincón del planeta hay una mujer que piensa en vosotros en algún instante del día. Gracias a los que pasaron, a los que pasan y pasarán para impregnar su huella en el mapa de mi geografía humana.

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