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sábado, 31 de agosto de 2013

Sin pronunciar

Silencio en el interior. Silencio en el exterior. Silencio el pensamiento. Silencio la vulnerabilidad, la fragilidad, la palabra. Para escuchar la intuición, para escuchar el corazón, para no esperar, para ser. Con o sin límites, con o sin dudas, con o sin sueños. Silencio para correr, para volar. Mucho silencio sabio de certezas sin miedo. Silencios acompañados. Silencios de derecho de admisión. Silencios de pacto, de promesa, de respeto hacia uno mismo. Silencio de cambio, de voluntad, de paz. Silencio que apacigua. Silencio educado. Silencio que protege, que lucha. Silencio de abrazo sincero, de horas perdidas, de profunda reflexión. Silencio que ahoga el alma en pena. Silencio de consuelo, de aprobación, de aceptación. Silencio consciente. Silencio que acuna. Silencio que no pide ni exige. Silencio que actúa. Silencio que pregunta cómo y cuándo. Silencio único y necesario. Silencio de amada soledad. Silencio de consejos sin voz. Silencio sereno, que asoma como rayos de luz por una oscura habitación. Más silencio y más escucha. Más silencio y más conocimiento. Más silencio, menos reproches. Por favor, silencio en la sala porque estamos educando al hijo que todos llevamos dentro: Se llama Cerebro.

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