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viernes, 30 de agosto de 2013

Remolinos

En un ring, encima de una tabla de pong-ping (para que rime...), en una pista de tenís (para que rime también...). No, no es lo que vosotros imagináis, no hablaré de lujurias y lascividades sino de sentimientos que como pelotas y golpes van dando tumbos enfrentados. Amor/Odio, Odio/Amor, Rencor/Agradecimiento, Reproches/Comprensión, así transcurren deportivamente los partidos sin raquetas ni patadas. Unas veces en el campo contrario, marcando puntos que nos hacen creer ir ganando, otras veces en el nuestro sintiendo la derrota, desilusión, decepción y aceptación de los errores que nos llevan a perder lo que un día pensamos sería casi eterno. Una mañana el cerebro levanta pesas de 100 kilos para decirle a su cuerpo que todoo está en orden, que el entrenamiento está superado, pero es al día siguiente cuando acechan los recuerdos cuando todo lo que nos pareció liviano se convierte en un fardo que nos oprime todo sentimiento de optimismo. Y el día en que las pesas se mantienen en lo alto de la cima sabemos que ha venido a visitarnos el olvido, con sus vendajes, inyecciones y medicamentos para curar el punzante dolor que padecía nuestra alma. Cuando el rechazo se vuelve indifirente y la añoranza no abraza las lágrima, es ahí, en ese preciso instante en el que uno sabe que el tiempo ha enterrado el sufrimiento. La mente ya no evoca el pasado con sus imágenes permanentes invadiendo nuestro espacio vital. Nos liberamos para flotar fuera de culpas y angustia acumulada. Nos reinventamos para renacer hacia un nuevo destino sin placenteras placentas conocidas.

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