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lunes, 16 de abril de 2012

a la playa

No me gustaba la playa pero como a todos mis amigos y familiares sí, no tenía más remedio que hacer de tripas corazón. Me preparaba mental y físicamente para adentrarme en el paisaje que mi cuerpo rechazaba a 3 kilómetros vista. Había diseñado una toalla con hierba natural de 3x3, a la que le había enchufado un pequeño aspersor con agua bien dulce, llegué incluso a añadir azúcar. Mi sombrilla era una maceta en la que había plantado una higuera bien frondosa "me iba a pillar a mí desprevenida el sol y sus fiebres maltesas". Para algunos era una exagerada porque me había comprado una furgoneta a la medida de la higuera, pero me daba completamente igual,ya gasté muchas neuronas preocupándome por lo que los demás pensaran de mí y la paciencia conmigo se agotó de tal modo que gritó: ¡¡PROU!! y se calló,el cerebro se paralizó y se olvidó de miedos inventados. El caso es que mejor equipada que mal equipo por conocer.
Toalla herbívora, sombrhiguera,aspersor, un abanico fabricado con menta fresca,una gorra con hojas de chopo y un bikini de tejido congelado que duraba 5 horas de exposición solar.
No me faltaban las ramas de aloe vera que iba masticando cada media hora y un cojín con musgo fresco. Con una escobilla iba barriendo los granillos de arena que se acercaban y en el MP3 sonaba una larga grabación de sonidos de tormenta, deshielos de icebergs, pingüinos y besos de esquimales cachondos. Algún que otro poster del Polo Norte y los fiordos noruegos colgaban de la higuera y creo que ya está. Éste era mi arsenal particular donde poder refugiarme.
Cada uno con sus manías, sus aires, su personalidad y a quien no le guste que no mire.

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