blog sindria

lunes, 16 de abril de 2012

a la playa

No me gustaba la playa pero como a todos mis amigos y familiares sí, no tenía más remedio que hacer de tripas corazón. Me preparaba mental y físicamente para adentrarme en el paisaje que mi cuerpo rechazaba a 3 kilómetros vista. Había diseñado una toalla con hierba natural de 3x3, a la que le había enchufado un pequeño aspersor con agua bien dulce, llegué incluso a añadir azúcar. Mi sombrilla era una maceta en la que había plantado una higuera bien frondosa "me iba a pillar a mí desprevenida el sol y sus fiebres maltesas". Para algunos era una exagerada porque me había comprado una furgoneta a la medida de la higuera, pero me daba completamente igual,ya gasté muchas neuronas preocupándome por lo que los demás pensaran de mí y la paciencia conmigo se agotó de tal modo que gritó: ¡¡PROU!! y se calló,el cerebro se paralizó y se olvidó de miedos inventados. El caso es que mejor equipada que mal equipo por conocer.
Toalla herbívora, sombrhiguera,aspersor, un abanico fabricado con menta fresca,una gorra con hojas de chopo y un bikini de tejido congelado que duraba 5 horas de exposición solar.
No me faltaban las ramas de aloe vera que iba masticando cada media hora y un cojín con musgo fresco. Con una escobilla iba barriendo los granillos de arena que se acercaban y en el MP3 sonaba una larga grabación de sonidos de tormenta, deshielos de icebergs, pingüinos y besos de esquimales cachondos. Algún que otro poster del Polo Norte y los fiordos noruegos colgaban de la higuera y creo que ya está. Éste era mi arsenal particular donde poder refugiarme.
Cada uno con sus manías, sus aires, su personalidad y a quien no le guste que no mire.

miércoles, 11 de abril de 2012

jugando a soñar (oda a la p)

Paloma dormía con un pijama de plumas al que su primo Pablo le había pintado un pequeño papagayo con un pincel que trajo de París. Parece mentira pero parecía un pollito perspicaz de un pueblo portugués, no me extraña que poseyera tantos pretendientes voladores porque no le faltaban pájoros cerca.
Por la noche, con parsimonia, Paloma arrancaba las plumas y su primo siempre tenía una labor pendiente cada mañana, ponerlas de nuevo y peinarlas pausadamente.
A él no le causaba pereza sino que alejaba su pena y aumentaba su paciencia.
Unas peludas, otras algo peladas pero todas perfectamente posicionadas.
Había de color pistacho, pera, púrpura e incluso con purpurina, casi un cuadro de Picasso. Paloma, a menudo, pululaba por la calle luciendo su pijama perenne, para ella era como llevar pendientes de piedras preciosas. Le encantaba pasearse con él en patines, patinete, piragua incluso a veces en patera aunque parezca particular. Sus padres, Pedro y Paula empezaban a preocuparse un poco por ella, pensaban que era un tema algo peliagudo de platicar. Nunca daban el paso para preguntarle cuándo pondría fin a esa paranoia de querer ser como un pájaro, bueno pajarraco como decía su primo. Y aún era primavera pero en otoño e invierno no quería ni pantalones ni pull-over.
Se ponía unos pantis, un peto y su pijama por encima porque todo lo demás era para ella una porquería. Le pidió a su madre un pito por si surgían peleas.
-¿Cómo peleas?
-Sí con los pingüinos patagónicos.
-¿Qué hablas? Por qué haces cundir el páncio?
-Debajo del puente mamá,junto al perro de pilas hay un grupo de pingüinos patagónicos con pretensiones posiblememte perentorias.
-¡Pamplinas Paloma! Por el amor de Poncio Pilatos y Paquito el pochoclero
-Hablando en plata madre, yo pillaría todas las pertenencias y me piraría a Polonia, pero antes un pequeño acto pirómano no estaría de plus.
-Paloma, me pones los pelos de punta y la pituitaria pestilente.
-¿Por qué? Si por el momento no pasa nada, pero mejor prevenir que procurar
-Curar Paloma
-Valé procuraré decir curar
-Si prosigue este pequeño problema psicológico yo te llevo a un psiquiatra paleontológico.
-Puerca paleta no me pinches el potencial que pertenece a generaciones pasadas.
-Pomelo podrido, en todo patrimonio se cuecen patatas y en el nuestro estaban muy pochas.
-¿Qué pretendes, que pierda los poderes paranormales que me prestaron mis antepasados?
-Tu abuela era previsora, algo pordiosera, pero nunca pecó de pánfila ni papanatas, más bien era un portento que valía un potosí.
-¿Y Pilar, Pau, Paca, Pepe y patricia?
-Pura pantomima de palacio postmoderno
-Pues por mis pies, pechos y páncreas que soy un pájaro visionario y el ataque se aproxima pronto. Habrá que apelar a policías, pediatras, parafarmacéuticos, panaderos, picapedreros, picapleitos y personal polivalente y ponderar el panorama que se prepara próximamente.
-Perdona pero no puedo soportar tantas pelotudeces, primero porque padeces un percal en la pelota importante y segundo porque el pasado no perdura tanto en el poso de los recuerdos.
-No soy una pirada, sólo pasan imágenes que presionan mi parietal y me empujan a proceder progresivamente para paliar el pitote hasta que quede postrado en la poltrona parisina.
-Pelele, si sigues con tu pijama se te comerán las polillas y no habrá manera de proseguir un proyecto de vida un poco pretencioso.
-Por todas las pulgas y perros del planeta plutón ¿por qué eres tan pesimista? No se construyeron pirámides? No aparecieron piratas que pescaban panga y perseguían perdices? Pues no pongas a parir mi preciosa pureza de protozoo.
-¡Ay Paloma! si ya sabía yo todos los picaflores que pastan tu posada.
-Pedazo de panceta picante, en vez de darme un premio por adivinar el futuro en plena pubertad me prohibes subir a los pinos y palmeras de los parques para observar los pandas que esperan con paraguas metidos en el pantano.

Después de la conversación, Paloma quedó patidifusa, no esperaba por parte de su progenitora semejantes palabras. Aquello había sido una partida de ping-pong en toda regla.
Se comió una piruleta, cerró la puerta de un gran portazo y se puso a hacer el pino para perfumar sus ideas que eran prosaicas en aquel momento.
Vidas paralelas, suspiró, mejor precintar mi perola y que no entre polen amargo en esta parodia que apesta.
Cerró los ojos y soñó que era pilota y el avión estaba plagado de plumas y pinchos de puercoespín. Se despertó apenada con lágrimas pesadas que limpió con un pañuelo e intentó profundizar de nuevo en su particular película muy portadora de sentido.
Se levantó y decidió que se piraba. Era pequeña, no demasiado, pero seguro que partir y empezar una nueva partida en el juego de la vida le sentaría de PM para ser finos (era parafina, jajaja).
Se llevó caña de pescar, su pijama, pala y pico y se adentró en la penumbra de piratas parcas y promiscuos.
¡Por fin! pasearé, petaré, pecaré, pelaré, me pondré piripi y comeré piña, papaya, patatas, pipas, palomitas y puré todo el día.
POSESAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA, poseída por el espíritu de la penuria feliz, los sueños empiezan a ser un primor, un petardo a punto de explosionar que nos pone a mil pulsaciones por minuto.
"Me da igual la pinta y la apariencia, probaré la pinta y desayunaré polenta.
Los porros no me van así que seguiré un camino pulcro, un camino de plenitud donde un piano suene piano, piano y arribar lontano.
Pedazos de puzzle se irán superponiendo poco a poco hasta pisar el polvo que impide proyectar las pistas que nos depara el destino.
Quizá vea pumas, panteras, pelícanos, ponis y paquidermos mientras avance pero no importa porque cada uno aportará una duda poderosa que resolver.
Posiciones, preparados, listos y PIM PAM PUM PISCOLABIS de atún.
Dondequiera que vayas, Perú, Polinesia, San Petersburgo, Paraguay, Puerto Rico, Polonia no seáis pánfilos y aprovechad el momento presente.