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jueves, 15 de marzo de 2012

¡Sorpresa!

Recuerdo cuando me dijo el tiempo que hacía que la vida no le daba una sorpresa y aquellas palabras, a lo largo de los meses que las sucedieron, me hicieron reflexionar. ¡Qué necesarias son las sorpresas! sobre todo cuando son agradables, aunque sorpresa siempre conlleva algo positivo,¿no? Alguien no contestaría ¡Qué sorpresa! al conocer la muerte de algún otro, sino más bien ¡qué pena! ¡qué horror!
Así que más bien algo negativo que acontece en nuestra vidas sin esperarlo, va acompañado de la expresión de una emoción o sentimiento pero no de la agradable frase:¡Qué sorpresa!
Una carta escrita a mano, un mail, unas frases en un facebook, twenti, una visita, unas palabras de calor, un cumplido, un regalo, un beso, una llamada, una declaración, un reencuentro, un embarazo, una moneda, aunque pequeña, una sonrisa, un guiño, una buena noticia, un secreto, una caricia, una insinuación, un roce, un rayo de sol en medio de una tormenta.
Sin embargo no son tantas a lo largo de las semanas, meses y años. No sé si porque nos pasamos demasiado tiempo esperándolas y son realmente efímeras o porque deberíamos ser nosotros mismos, en el momento en el que pensamos, realizarlas para que la vida cobrase algo de chispa. Quizá no deberíamos esperar a recibir sino estar dispuestos a dar para pasar de ser sorprendidos a sorprender. Y la alegría es igualmente satisfactoria para quien sorprende como para el sorprendido.
Sí, sorprender, porque el tiempo avanza hacia algún sitio en el que todos sabemos que llegará un final y son muchas, demasiadas, las palabras retenidas, los sentimientos guardados, las ganas contenidas, los impulsos controlados, los egos dominados y los rencores arraigados que para cuando uno quiere darse cuenta su piel se arrugó y su pelo encaneció como buena máquina que se gasta.
Son tantas y tantas acciones que no hicimos que uno se pregunta si tiró por la borda ciertos momentos que pudieron ser magníficas sorpresas y que finalmente acabaron siendo resignaciones miedosas u orgullosas ocasionalmente.
Se podría pensar que no habría que hacer o decir todo lo que por la cabeza nos pasa, pero a menudo lo desearíamos de tal modo que nos llegamos a morder la lengua al no hacerlo.
Miedos inexplicables, a lo que el resto del mundo piense, a traicionar la idea que nos habíamos fijado de nosotros mismos y con la que estábamos ferviertemente convencidos. No siempre se está orgulloso, alegre y feliz con las decisiones que se toman o dejan de tomar, pero es que sin riesgo, no hay sorpresa, no hay pasión, no hay vida, no hay sentido.
Aquel día le escribí aquellas palabras, con un gran nudo en el estómago y una emoción adolescente inexplicable, para él, pensando en él. Y fue una sorpresa, según él una grata sorpresa. Aunque aquella sorpresa avanzó, se compartió, se vivió pero también se esfumó, desvaneció y marchitó. Ahora de aquellas palabras compartidas con ilusión sólo quedará el recuerdo de lindos momentos vividos y nostalgia de lo que pudo ser y no fue. Un cierto sentimeinto de pena encoge el corazón cuando estamos cerca del que fue sorprendido pero nuestro foro interno nos dice que no era lo que andábamos buscando y la vida debe continuar. De nada sirve idealizar, es más linda la realidad.
Sea o no sea así, las sorpresas nos mantienen vivos y aún más si desembocan en historias que nos hacen ensanchar el espíritu.
Doy gracias a los que han formado parte de mi corazón para ir creciendo y aprendiendo sin olvidar que estarán conmigo allá donde vaya.

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