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miércoles, 14 de marzo de 2012

jugando a soñar (oda a la hache)

En la choza de Chema hay una chimenea que chorrea chucherías de charol.
Es algo cheto pero chévere al mismo tiempo.
Él, chana con su chalet como un chamán con su ayahuasca pero, no muy lejos, hay muchas chabolas que se llenan de charcos cuando chispea.
Mientras Chema chatea comiéndose un choripán, los chulos de las chabolas chismorrean chorradas engullendo churros cochambrosos.
Chistes y chistorra adornan la casa de Chema que está como los chorros del oro.
Chuletas chinas entre chácharas y cucarachas se chamuscan entre la chatarra de los changueros.
El chaval de los cheques con fondo masca chicle después de inflarse a chicharrón.
Los chicos fuman chocolate mientras chafan chinches chilenos y apagan chinas a chillidos.
Al chiflado chic le chispean los ojos ante los chinchulines de chancho.
La mal llamada chusma sobrevive robando chaises longues y comen chipá con choclo.
El chivato de Chema usa chivarras, aunque resulta chocante.
Algunos acaban en chirona por robar chirimoyas.
Al otro se le va la chola haciendo de chófer en los autos de choque.
A los chungos les gusta chutar pero también chutarse para olvidar los chubascos que chirrían en su chaveta.
El Chema desayuna chupitos que le dejan churrete en su camisa de chanel.
Los churumbeles chumban los chotos cuando el hambre aprieta.
Al amigo le gustan las chupas pero también si se la chupas.
Los chuchos de las villas deambulan buscando restos de churrascos.
Con chulería, Chema usa chubasquero para ir a jalar chipirones al chiringuito.
Los chorbos, de chiripa, no son pillados chingando en una esquina sin chinchar a nadie.
A nuestro adinerado le gusta el chili, el chelo, la charanga y el charango.

Pero, pero, sobre todo, tanto unos como otros deberían charlar mientras sus ojos hacen chiribitas y descansan bajo los chopos mientras chusmean los chivos pastar.

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