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miércoles, 14 de marzo de 2012

desamor segunda parte..

La sensación es muy extraña, ya creí haberme olvidado de él, de nuestros encuentros fortuitos y quizá, para mí, en cierto modo predestinados. Y de repente de nuevo esa sensación, como si de un instinto se tratase, no podemos controlarlo y nos invade el estómago de no se sabe qué sustancias o energías.
Ahí está, a diez pasos, pero él no lo sabe, el nerviosismo se mezcla con la alegría, la adrenalina y se adereza con una pizca de rabia, enfado, rencor, desprecio que acabarán por no apreciarse una vez la conversación comience.
Mientras las palabras y miradas se intercambian, las ideas van sucediéndose unas a otras: "Eres asqueroso" "¿Por qué me ignoraste?" "¿Le gustaré?" o simplemente juega un papel de adulador estúpido, orgulloso de tener a las mujeres a sus pies?
Cuando tengo la pequeñísima esperanza de que esa noche mezclada con alcohol dará algún fruto del que yo salga beneficiada, se da media vuelta y se va. Y una vez más, y para no ser grosera, una se queda con los excrementos en la boca.¡Qué ingenua!
¡He vuelto a caer en sus falsas sonrisas! y ya no sé si me atrae porque aquella noche me acosté con él o porque necesito aferrarme a algo intenso que viví hace unos meses.
Pero a su lado, todo me parece muy rápido. Cuando la conversación parece que podría seguir y desembocar en algún punto, él huye corriendo, se esconde y ya no vuelve a acercarse a mí a pesar de que sabe que estoy a su lado.
Baila con una chica y por el rabillo del ojo no puedo dejar de mirar su barba peliroja y su sonrisa.
Me doy media vuelta y como toda mujer que tiene un mínimo de orgullo, me repito:"No vuelvas a mirarle, baila, sonríe y enséñale desde la distancia quién eres". Y así lo hago, o lo intento, mientras todas las energías se han despertado sabiendo, o no, que en algún momento se fijará en mí, saco la mayor de las fuerzas de atracción e intento divertirme y divertir siempre consciente de que está cerca.
En esos momentos es cuando se desea tener ojos en la espalda, para darse cuenta de lo ridículas que podemos llegar a ser o por el contrario nuestra intuición femenina es buena y nos hace saber que nos están observando de tanto en tanto. Toda la noche transcurrimos así, bailando de un lado a otro esperando a que él fuera consciente de mi presencia y que se arrepintiera profundamente de no haber compartido conmigo algo más que sexo. Es hora de irse, y él todavía está allí, no es capaz ni de venir a despedirse y mientras me alejo con la sensación de haber sido rechazada una vez más, mis palabras se vuelven silencio y ensimismamiento. A ello se le llama:decepción.
Me volví a encontrar, casualmente, esa noche de verano y no podía soportar la idea de que me iba a casa sola y triste y él seguía bailando con una copa en la mano acercándose a toda mujer que tuviese alrededor. Y para colmo no aprendí, porque en el momento en el que me dirigió la palabra me entraron unas irremediables ganas de ser la mujer más antipática del mundo y pegarle todos los cortes habidos y por haber, pero al final, sólo pude sonreír al mismo tiempo que me sentía ridícula, inferior y engañada por sus falsas palabras.
Él sólo dice lo que una quiere oír,conoce bien su papel, pero esta vez no le creí.
Me despierto por la mañana y sin yo quererlo acude a mi pensamiento, una mezcla de alegría y rabia se abrazan dentro de mí. Vuelvo a estar sola, pero no es él... lo sé,eso se sabe...

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