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jueves, 15 de marzo de 2012

Amor fugaz

Me enamoro de un hombre que dice que se enamora todos los días de mujeres que se cruzan con él en bicicleta.
Me enamoro de inquietudes, de frescura, de ideales, de comprensión, de sueños, de pasión, de vitalidad y poesía.
Me enamoro de la sencillez, de la palabra,del roce, de la impulsividad, del ingenio, de lo absurdo, de la divertida torpeza aniñada.
Me enamoro dejándome enamorar por la idea de poder enamorarme.
Intentos de seducción femenina, quizá sutiles, o no, pero feacientes deseos de querer enamorar.
Me enamoro suavemente, lentamente al mismo tiempo que confundo el enamoramiento racional(por la voluntad de querer enamorarme) con el enamoramiento químico en el que todo razocinio está fuera de órbita.
Me descubro queriendo enamorar, sonriendo, escuchando, enseñando, mostrando de dentro hacia fuera quizá una pequeña parte que, una cree, podría enamorar.
Sé que me enamoro porque en la ausencia hay una huella, una ligera pero perceptible huella en el alma.
Me enamoro porque una nueva presencia se suma a un cuerpo y sin poder evitarlo pasa a formar parte de la memoria de sentimientos, emociones y experiencias amorosas.
Me enamoro porque la imaginación divaga mientras se abraza contra el pecho un pequeño cojín en un sofá solitario, pensando en que la película que se está viendo le encantaría a esa nueva presencia que desconocemos por completo pero que anhelamos conocer más.
Me enamoro de lo imposible, de lo que difícilmente se podría alcanzar.
Me enamoro de la idea de poder compartir para poder crear y multiplicar sensaciones que finalmente acabarían en la aparición de un nuevo planeta en medio del universo, lleno de códigos, señales, que sólo esos átomos entenderían.
Me enamoro de la inspiración que subyace del encuentro, de las ganas de querer entregar.
Me enamoro de recuerdos pasados que de repente se hacen muy vivos.
Me enamoro de un pelo despeinado,largo, lleno de ondulaciones que mis manos quisieran entrelazar.
Me enamoro de la sensualidad de unos ojos, de unos pantalones caídos y una barba que por instantes se percibe rojiza.
Me enamoro de las imperfecciones y de la idea de tener un amante como él.
Me enamoro sin sufrir por no obtener respuesta pero como una repentina admiración de un cuadro que es imposible dejar de observar desde el anonimato de los pensamientos.

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