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martes, 14 de febrero de 2012

Arte=Juego=Equilibrio=Presente

Crecemos y en lugar de volvernos más sabios, más tranquilos, más inteligentes, más auténticos, más abiertos, más, nosotros mismos, nos invaden los miedos, la soledad frustrada, el pesimismo, la decepción, la desilusión, el arrepentimiento, la resignación, el aburrimiento, la intolerancia y la incomprensión. En Australia, los aborígenes cuando cumplen años cambian de nombre para describir la nueva conciencia adquirida en ese momento. Así deberíamos hacer, celebrar el conocimiento, la sabiduría que la experiencia vital nos permite ir descubriendo para entrar en simbiosis con lo que nos rodea y con nosotros mismos.
A menudo, lo que ocurre es que la vida nos resulta tan banal y absurda que aceptamos el destino perdiendo la fuerza de seguir creciendo, descubriendo y destapando los secretos que esconde nuestra alma quien, inevitablemente, forma parte del infinito universo.
Rutinas que matan la creatividad y abocan a apagar toda luz que el ser humano lleva dentro, pero la bombilla no puede fundirse así como así, hemos nacido para inventar, para transformar y crear. Y aquí es donde debería entrar el arte, uno de esos inventos que ilumina, que nos invade y evade, nos emociona y sobre todo nos ayuda a mejorar nuestra humanidad. Leer, bailar, pintar, moldear, esculpir, dibujar, actuar, tejer…cambiar la pasividad negativa y el desasosiego mental por la imaginación y la liberación de los cuerpos que a menudo nos encarcelan. Seguir luchando por nuestros sueños y deseos deshaciéndonos de condicionamientos absurdos. Aceptar el universo que yace en el núcleo interior para alcanzar el vacío infinito de lo impredecible e inesperado.
La experiencia que nos brinda la vida nos ayuda a trazar un itinerario donde seguir indicaciones que sólo nosotros podemos escribir. Derecha, izquierda, adelante, atrás, 10 kilómetros o 100, según la oscuridad que dejemos entrar en nuestra conciencia creadora.
Inventar mundos inexistentes para escribir el guión donde ser protagonistas de nuestra ilusión que sana heridas pasadas.
Como dice Jodorowsky en La danza de la realidad “el arte no sólo debía sanar el cuerpo sino también el alma. La conciencia puede domar nuestra animalidad, no reprimiéndola sino dándole oportunidad de realizar tareas sublimes”.
Jodorowsky, vale mucho la pena.

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