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jueves, 26 de enero de 2012

Películas

¡Cuántas películas en el inconsciente!
La vida no es como en esas fantasiosas historias condensadas que a menudo nos cuentan. Nosotros recreamos dentro de nuestra pequeña cabecita imágenes de vidas que nos gustaría sentir en el momento en el que las construimos. Me río (por dentro), porque resulta ridículo pensarlo, sobre todo cuando el pensamiento incluye a la persona que tenemos al lado y ni siquiera conocemos de nada. Si este desconocido tan sólo pudiera vislumbrar una idea sobre lo que en segundos nuestras neuronas pueden llegar a conectar, éste también reiría, se sonrojaría o más bien alucinaría. Y aunque la fantasía nada tuviera que ver con la realidad que podría llegar a crearse, me haría ilusión que sucediera, no sé si por ser algo inesperado o por sentirme halagada. O a lo mejor me sentiría incómoda y ese pomposo sueño despierto se destrozaría en añicos cuando estuviese desarrollándose delante de mí. Pero al menos habría conseguido, en ese momento, ser directora y protagonista al mismo tiempo de mi vida e imaginación.
Por eso existen las películas, porque las ideas que todos pensamos y que no nos atrevemos a decir o hacer las transformamos en historias que contar. Uno, después, se siente identificado porque no está tan alejado de la realidad, porque son deseos escondidos y reprimidos que hierven en el interior cuando somos espectadores. Frente a la pantalla nos decimos “ojalá me pasará algo así a mí” y quizá suceda cuando encontremos a alguien que se ponga de acuerdo con nosotros para poner en práctica inesperadamente lo que jamás nos hubiéramos atrevido a hacer o decir. Y es precisamente cuando surgen estas situaciones cuando salimos de la monotonía de nuestras vidas hasta el momento en que todo vuelve a la rutina conocida y reaparecen los deseos ansiosos por romper cierto aburrimiento existencial. Pero al fin y al cabo se trata de disfrutar de lo que se hace sin sufrir por lo que no sucede y no despreciar el presente por amar demasiado un futuro mejor.
Solemos buscar señales, una mirada, un dibujo, una palabra, una música, una mujer embarazada, una moneda, algo o alguien que creemos nos ayudará a encontrar un camino para tomar una decisión. Damos pasos y a medida que avanzamos en una perpendicular nos encontramos justo en ángulo recto con otra persona. Y uno se pregunta ¿Ha dado justo la misma cantidad de pasos para llegar al mismo sitio que yo? Líneas que se cruzan porque son consecuencia de los caminos y atajos que vamos tomando. Diagonales, curvas, círculos y no sé cuántas formas más pueden llegar a crear los humanos en el espacio vital. Pura matemática geométrica que converge en puntos de encuentro, química explosiva de roces casuales, física del movimiento y la energía que fluye libremente entre los átomos del planeta.
Jamás me había planteado la existencia desde este punto de vista científico, pero sí, son formas, movimientos, cálculos, encuentros, tangentes, paralelas, ángulos, probabilidades, energía…
¡Vaya! son teorías nacidas de la observación de los cuerpos y todo está en todo, nada permanece separado. Y aunque a menudo deseemos que nuestra recta se cruce con otra, deberíamos saber que la recta puede avanzar sola durante algún tiempo hasta tener que formar ángulo recto. Hasta entonces se puede ir recogiendo y resolviendo los baches e incógnitas que el camino nos regala.
Abramos bien los ojos y apreciemos la belleza que ante nosotros acontece, un día éstos estarán cerrados.

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