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lunes, 30 de enero de 2012

acepta y desprende

"Aceptar su propia locura” escuchó decir al chabón pelado con aspecto de hare krishna.
Cada uno de nosotros tenemos un dolor, una herida, un fardo contra el que luchamos cada amanecer. Quizá si el ring de la mente se mantuviera en calma sería más fácil no buscar culpables o responsables de lo que uno mismo no sabe solucionar o aceptar. A lo mejor si detuviéramos la tormenta invisible donde las palabras inundan el ánimo hasta sumergirlo en las profundidades del océano, podríamos bailar al son de la espontaneidad desinhibida y liberada que todo cuerpo reclama a gritos ahogados.
Pájaros sin muebles ni maletas que no temen al hambre y la pobreza.
Ríos de libertad que siguen su curso hasta confluir en un mismo mar donde bañarse juntos en un mismo elemento. Desnudos de temor, despedidas del miedo y entierros del dolor.
Fuerza que viaja sin carretas por las autopistas de las venas.
Ilusión real en la tierra que nos ve nacer y morir.
Destierro, éxodo, lejanía y distancia de angustias paralíticas.
Soledad compartida con las sonrisas de otros, con la música que traslada sin movimiento pero con el viento de una flauta.
Ideas soñadas y cumplidas en el planeta de la fe, sin dogmas ni imposición. Mucho más allá del bien y el mal, de dictaduras colectivas e individuales, de tropiezos reiterados con la misma raíz. Por encima de dar esperando a cambio, con intuición y alcanzando sabiduría. Pisoteando la rabia, el rencor, el enfado susceptible e infantil de niños inmaduros heridos. Evitando hacer lo que se critica pero siendo lo que se anhela. Descorchar los tapones, desatascar las tuberías del pasado. Encontrar las llaves de cerrojos escondidos. Abrid las compuertas de lo imposible y luchad por la verdadera fantasía.

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