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jueves, 1 de abril de 2010

glíglico ¡qué buen invento el de Cortázar!

Salgideando en los fulimancios del rótrico embijeno se me clapoma el ñandú holinefrísido. No más grasuedo que de costumbre, es imposible evitar que cuando se acerca el botúsculo los peniplos anden ahogados en una loreñada usiliaca. Pero siempre y digo siempre, sin perder de vista que si la fusenta se difugle en dorja astemiadada uno no puede contener el lun miamúspedo.A menudo acaba por trasglucar en el fondo de la pisorca refulgidente aunque no esté preparado para enmizonar la huefrida dunácea. Eso sí, nunca justrir la posguma que ropcazna en las lumifas porque podría oldibar en el yuyánteo y ditraner el somegón.
Si ésta oldibara y ditranera tendríamos que hundifizar el somegón hasta que las lumifas se oficlanaran y así trokar a la izquierda el yuyánteo.

Y así todos glocendros y elbíneos. No hay más vuelta de hoja, ni cinco patas de gato, ni larvas sin mariposa o gallinas sin patas de gallo, aunque a éstas les agrade de tanto en tanto arrugarse.

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